Con motivo de la cuarentena apocalíptica, desde Holobionte nos hemos propuesto subir un texto semanal a nuestra web, con avances editoriales, textos inéditos o fragmentos de nuestros libros.  
Esta semana subimos un capítulo extraído del libro Ciberfeminismo: De VNS Matrix a Laboria Cuboniks (Remedios Zafra y Teresa López-Pellisa, eds., Holobionte Ediciones, 2019). «Manifesto» fue escrito por la artista y ciberfeminista australiana Melinda Rackham, como parte de un encargo que incluía otros tres ensayos y que fueron preparados para el lanzamiento de los archivos oficiales de VNS Matrix, aparecidos on-line en julio de 2019: <https://vnsmatrix.net/>

 

Figura 1.1 girls-in-cyberspace-jyanni-steffensen-realtime-2-august-1994-17-newspaper-article

 

 

 

 

 

 

MELINDA RACKHAM

MANIFESTO

Traducción de Federico Fernández Giordano

 

 

 

Dicen que ellas promueven el desorden en todas sus formas. Confusión problemas debates violentos desbarajustes molestos perturbaciones incoherencias irregularidades divergencias complicaciones desacuerdos discordancias choques polémicas discusiones disputas altercados conflictos revoltijos débâcles cataclismos disturbios peleas agitación turbulencia conflagraciones caos anarquía.

Monique Wittig, 1971

 

Me gusta imaginar que el Manifiesto Ciberfeminista de VNS Matrix se escupió a sí mismo alegremente: cocido en verano bajo la menguante capa de ozono de Adelaida (una ciudad situada a medio camino entre el desierto australiano y la Antártida); alimentado por la ciberficción de Pat Cadigan, Octavia Butler, William Gibson y Neal Stephenson; a la vez aliviado y estimulado por el tecno, Patti Smith, la música ambient y trance y Diamanda Galas; furioso con el sexismo de Wired y Mondo 2000; comprometido con la cruda psycho-sexualidad de Kathy Acker y Linda Dement.

Fieles a sí mismas, las integrantes de VNS Matrix tienen múltiples relatos sobre sus orígenes. Tal vez nacieron con el nombre de Velvet Down Under para hacer porno cutre en el mercado sueco (Wang, 2016); o tal vez como ramificación de un proyecto de la Red Australiana de Arte y Tecnología (ANAT) que ayudaba a mujeres y artistas a conectarse con la informática y el software. Puede que las autodenominadas «Putillas Buenorras», «Nodos Virtuales del Fango» o «Estrategas Necronómicas de Vestíbulo» surgieran como una ficción feminista a partir de las primeras MOO,[1] los chats de squatters, colectivos de activistas enloquecidos y foros BDSM… O simplemente como escuadrones salidos de la cabeza de Zoë Sofoulis y su Jupiter Space (Sofoulis, 1992).

Una inesperada fusión entre la informática militar de las pruebas atómicas británicas y la vigilancia por satélite estadounidense, en el marco de la próspera industria cultural australiana, propició las condiciones para la experimentación artística. Las artistas, feministas y activistas Julianne Pierce y Josephine Starrs se hallaban sumidas en sus estudios de posgrado cuando se unieron a Francesca da Rimini y Virginia Barratt, que habían trabajado en la ANAT. Estoy segura de que todas ellas se iban a dormir pensando en la medusa de Hélène Cixous, la divinidad de Luce Irigaray y la abyección de Julia Kristeva; se levantaban con El cuerpo lesbiano de Wittig y Angry Women,[2] y desayunaban con las arengas del colectivo Anarco/Surrealista/Insurreccional/Feminista para «luchar con poesía y pistolas».[3]

Tras haber vivido esa época, incluso en una ciudad remota, sé que es imposible borrar las últimas tres décadas para postular que hubo un mundo pre on-line extraño y peligroso, y para poner en perspectiva el verdadero impacto que el Manifiesto Ciberfeminista tuvo en su día. Pese a esto, voy a intentarlo.

Algunas teóricas como Susan Sontag vieron en la epidemia del sida un punto de inflexión en el fin de la época contemporánea: a saber, el ascenso de los nuevos conservadores con su negación del cuerpo. La proliferación de los ordenadores personales en los años ochenta, así como las tentativas por sistematizar lo que debía ser el ciberespacio, fueron magnificadas como los pináculos trascendentes de la filosofía ilustrada, una utopía descorporeizada en la que el «hombre» podría engranar en el intercambio de pensamientos puros, en la arena global de la igualdad. Sin embargo, las investigaciones de Sherry Turkle constataban que las jóvenes eran aculturadas para pensar en las relaciones informáticas como antisociales, «obsesivas» y «tristes» (Turkle, 1988: 46-47); los PC’s se presentaban como «juguetes para chicos» [boy’s toys] y el número de mujeres estudiantes de ciencias de la informática iba en descenso. La lección de Ada Lovelace y Grace Hopper aún no había sido aprendida y el rol de las mujeres consistía básicamente en seguir procreando y criando —esta vez mediante el ensamblaje electrónico y la entrada de datos, un lujo de la economía informática. No en vano, Zoë Sofoulis recomendaba vigilar de cerca la política de género de la interfaz mujer-máquina, históricamente dividida en la dicotomía virgen/puta (Sofoulis, 1995: 161).

Más recientemente, la cuestión de mayor urgencia entre los debates ha sido otra: ¿hasta qué punto es importante la tecnología informática en el futuro feminista?

En 1967, el Manifiesto SCUM de Valérie Solanas sostenía que los hombres han arruinado el planeta, y por ello es responsabilidad de las mujeres arreglarlo. Con su llamamiento a las armas dirigido a las «hembras entusiastas, concienciadas y responsables que derrocarán el gobierno y el sistema monetario, instaurarán la automatización total y la eliminación del sexo masculino», Solanas prefiguró el escenario para un feminismo radical que abrazase la máquina en una utopía sin hombres (y, en los días de su intento fallido de asesinar a Andy Warhol, su manifiesto encontraba muchas lectoras flamantes).

Dos décadas más tarde se publicaría el polémico texto de Donna Haraway, el «Manifiesto para cyborgs»; en este, la autora norteamericana planteaba una alternativa al quiasmo entre la restrictiva clasificación histórico-biológica del género y las reconstrucciones erotizantes de la política del cuerpo llevadas a cabo por Irigaray y Wittig. La autorreplicante imaginería híbrida carne-máquina del cíborg era perfecta: infiel a su linaje patriarcal, «comprometida con la parcialidad, la ironía, la intimidad y la perversidad» (Haraway, 1985: 68).

La World Wide Web cobró vida en agosto de 1991, el mismo año en que VNS Matrix presentaba su «Manifiesto ciberfeminista para el siglo XXI» en Adelaida y Sídney. Aunque fue originalmente concebido para las redes electrónicas, también circuló en medios tradicionales como radio, televisión, fax, carteles en espacios públicos y magazines (Schaffer, 1999). En 1992 fue distribuido y exhibido en la exposición Cy MishMash World, en la galería Elaine de Melbourne. Pero no fue hasta su inclusión en el proyecto de arte público Watch This Space —en forma de cartel publicitario de seis metros de ancho por tres de alto— cuando llegó por fin a la calle; el cartel podía verse junto a la galería Tin Sheds, en una arteria principal muy cerca de la Universidad de Sídney.

Aunque la Encyclopedia of New Media de Sage acredita erróneamente que el término «ciberfeminismo» fue acuñado por Sadie Plant en 1994 (Consalvo, 2002: 109-10), VNS Matrix lo reconoce como una cocreación de la matriz cultural que simultáneamente se desarrollaba entre todas ellas: Plant en la Universidad de Warwick, Reino Unido, y un artículo sobre ciberfeminismo publicado en EchoNYC (una comunidad de boletines de noticias en internet) por la artista y escritora canadiense Nancy Paterson.[4]

A la vez revitalizante y perturbador, el Manifiesto fue descrito por Plant como «la más pasmosa y conmovedora» obra ciberfeminista (Plant, 2000). Mucho se escribió sobre el tema en aquella época, por ejemplo en un inquisitivo artículo de Jyanni Steffensen en el que se destacaba el filo cortante y la capacidad de penetración del Manifiesto, con sus metáforas fluidas, «apropiándose de Irigaray y reescribiendo las teorías sobre la abyección de Kristeva» (Steffensen, 1998). A día de hoy, bits como «el clítoris es una conexión directa con la matriz» o «somos el coño del futuro» están entretejidos con la génesis de la cultura de internet. Tanto es así, que el Manifiesto fue elegido para abrir la Net Art Anthology [Antología del net.art] de la revista electrónica Rhizome, resaltando su estilo «característico de las condiciones que dieron lugar a la cultura de internet: colectivo, plagiarístico, pornográfico y posiblemente cargado de drogas».[5]

Continuó propagándose, transformándose y supurando a través de la red digital, hasta alcanzar su punto álgido en Australia hacia 1996, según cuenta Sofoulis (Sofoulis, 2002). A pesar de los debates internacionales en torno al ciberfeminismo, cada vez más críticos con las condiciones reales de las mujeres en el mundo (en un artículo sobre mujeres hackers de la Siguiente Internacional Ciberfeminista, Cornelia Sollfrank declaraba: «Por desgracia, mi clítoris no tiene una conexión directa con la matriz; esta retórica puede mistificar la tecnología y tergiversa la vida diaria de las trabajadoras informáticas»), VNS Matrix fueron siempre muy conscientes de su lugar en la creciente pluralidad de conexiones, dentro de la sobreexcitación tecnológica y la consecuente pérdida de control. En palabras de Virginia Barratt:

Alrededor de 1991 el ciberfeminismo tenía notables insuficiencias. El primer alunizaje en los escaparates de la tecnología beatificada fue una guerra de género abierta, a la que le importaba poco la economía política de producción y consumo tecnológico. Pero esa primera acción, con todas sus imperfecciones, reventó el campo y lo agrietó, suministrando los puntos de apoyo para un ciberfeminismo más abierto e interseccional (Barratt, 2017).

Más tarde, Sollfrank comentaría sobre el método artístico y las estrategias políticas de VNS Matrix: «Sus secreciones poéticas acerca de y desde el cuerpo femenino están siempre acompañadas por un guiño y un codazo en las costillas.»

Con su longevidad y su particular sentido del humor australiano, el Manifiesto ha empezado a alcanzar recientemente el punto de velocidad de escape: en 2014, con ocasión del proyecto Forever Now (un disco de oro lanzado al espacio con registros audiovisuales de nuestra época), las artistas Soda Jerk comisionaron una versión remix del Manifiesto de VNS Matrix, Undaddy Mainframe, para deleite de una audiencia galáctica.

Por último, el núcleo de la poética ciberfeminista (las consecuencias de la industria y el capital dentro de los feminismos radicales, socialistas o continentales) se encuentra en la disrupción del lenguaje. Dominatrix como Wittig y Solanas; filósofas y teóricas sociales como Haraway, Sofoulis, Irigaray y Kristeva; artistas como Dement y VNS Matrix, y muchas otras, pusieron su grano de arena en la tarea de fisurar y fragmentar, rasgar y agujerear, anudar y desdoblar, volver a fecundar, reconcebir y soliviantar la identidad de la mujer. Con poderosa determinación y a través de la palabra y el código, a menudo por puro placer, y siempre con humor, el coño moderno resquebrajó el aséptico y estéril tejido del futuro.

Embadurnadas en el fluido viscoso, ellas sonreían.[6]

______________

Notas

[1] «MOO»: siglas de «MUD» («Multi-User Dungeon», juegos de realidad virtual en los que varios usuarios o jugadores se conectan on-line) y «object-oriented» (orientado hacia los objetos). [N. del T.]

[2] Andrea Juno y V. Vale; Angry Women; RE/Search Publications, San Francisco, 1991.

[3] Colectivo Anarco/Surrealista/Insurreccional/Feminista; «Anarcho-Surrealist-Insurrectionary-Feminist (As If) Manifesto»: <http://www.takver.com/history/aia/aia00032.htm>

[4] Nancy Paterson escribió en 1992 un ensayo titulado «Cyberfeminism», en el que enfatizaba la diversidad de género y la subversión cultural. Paterson definía el ciberfeminismo como «una filosofía emergente y muy importante», caracterizada por un interés en la diversidad cultural, las políticas post-género y el reconocimiento de la ubicuidad tecnológica. Su ensayo fue distribuido a través de Gopher e internet, y, en tanto su obra no ha tenido la misma difusión que la de Plant o VNS Matrix, puede decirse que su contribución a la articulación del ciberfeminismo ha sido en gran medida olvidada (Paasonen, «Revisiting Cyberfeminism», European Journal of Communication Research, 36, 2011, pp. 335-52). [N. del T.]

[5] Rhizome y VNS Martrix, «A Cyberfeminist Manifesto for the 21st Century», 2017:<https://anthology.rhizome.org/a-cyber-feminist-manifesto-for-the-21st-century>

[6] En el original, juego de palabras con la grafía y la fonética de «slime» (fluido, viscosidad, fango, baba) y «smile» (sonreír): «Smeared with slime, they smiled.» [N. del T.]

vns-matrix-brave-new-girls-infiltrate-1440x722

Texto original: © Melinda Rackham 2019

Traducción: © Federico Fernández Giordano 2019

 

Ver entrada anterior: «SEXO Y MUERTE ENTRE LOS CÍBORGS», de Sandy Stone

Ver todas las entradas de Cuarentena apocalíptica

Página de inicio

A %d blogueros les gusta esto: