Cuarta semana de *cuarentena apocalíptica*, que como sabéis aprovechamos para subir a nuestra web adelantos editoriales, fragmentos o bonus tracks de nuestros libros. Hoy os dejamos un histórico artículo de Radhika Gajjala (a.k.a. la «cyberdiva») que quedó fuera de nuestras antologías sobre cibercultura.
Un estudio sobre este mismo asunto, escrito por Radhika Gajjala en colaboración con Annapurna Mamidipudi, titulado «Configuraciones de género en entornos tecnológicos: Un asunto ciberfeminista», fue publicado por Holobionte en Ciberfeminismo: De VNS Matrix a Laboria Cuboniks (Remedios Zafra y Teresa López-Pellisa, eds., 2019).

 

cyber gajjala

 

 

RADHIKA GAJJALA

PERSPECTIVAS «TERCERMUNDISTAS» SOBRE EL CIBERFEMINISMO

Traducción de Toni Navarro

 

 

 

 

 

 

 

«Perspectivas tercermundistas» fue originalmente publicado en Development in Practice, Vol. 9, n. 5, noviembre-1999, pp. 616-619.

 

Tenemos teléfonos y ordenadores, la gente lleva móviles y conduce coches lujosos… Disfrutamos de Santa Bárbara en televisión y de KitKats en nuestras neveras… Incluso bebemos Pepsi y Coca-Cola y hablamos y escribimos en inglés… Pero ¿sabes cómo afecta a tu autoestima pedir un zumo de «to-mah-to» en vez de un zumo de «to-meh-do» en una aerolínea americana si la persona de enfrente no se da cuenta de que estás hablando inglés?

Pregúntale a cualquiera que se encuentre por primera vez en un compartimento de tercera clase en un tren indio e intente subir a una litera superior. En cambio, en internet… constantemente parecemos pensar que nos estamos comunicando, cuando hay un peligro real de que ni siquiera sepamos que no lo estamos haciendo.

A veces me pregunto cómo nos enzarzamos en discusiones sobre asuntos de la humanidad cuando el nivel de comunicación es tan dudoso…

                       (De un e-mail desde el «tercer mundo» a alguien del «primer mundo»)

Ante la tecnología occidental, ¿cómo y cuándo somos construidas como ignorantes? ¿Cuál es la relevancia de un ciberfeminismo occidental(izado) para las mujeres en el sur? ¿Cómo utilizamos las contradicciones de nuestras existencias vividas para recuperar la fe en nuestras identidades socioculturales alterizadas, al tiempo que encontramos maneras de usar las tecnologías occidentales para crear y revitalizar estructuras económicas que sean más apropiadas y accesibles para las personas en los contextos del «tercer mundo», tanto en el norte como en el sur? Esta perspectiva se propone criticar la noción de la «tecnología como gran ecualizadora».[1]

Académicos como Edward Said (1978) han demostrado cómo la producción de saberes acerca de las naciones colonizadas sirvió para justificar el proyecto de los colonos. Las descripciones «orientalistas» de las culturas, las religiones y las sociedades de Oriente Medio, África y la mayor parte de Asia ayudaron a crear un discurso colonial que presentaba estas áreas «oscuras» y «exóticas» del mundo como si necesitaran ser «civilizadas» por el hombre blanco. Estas descripciones son evidentes en la retórica del desarrollo versus subdesarrollo, que construye a las poblaciones del sur como ignorantes, igual que las narrativas sobre el progreso tecnológico de Occidente.

Esta perspectiva se basa en el trabajo académico en relación al feminismo y la producción de conocimiento, y las tensiones entre el feminismo occidental(izado) y no occidental (negro, tercermundista, etc), así como en los debates sobre el desarrollo. Es un debate acerca de las posibilidades e imposibilidades del ciberfeminismo en contextos del «tercer mundo». Si bien es cierto que los ciberfeminismos han abierto espacios para un diálogo que propone usos contrahegemónicos de las tecnologías occidentales, sugiero que la construcción del Otro como ignorante está implícita en algunas narrativas ciberfeministas. Está más allá del alcance de este texto resolver los conflictos o sugerir alternativas concretas. Sin embargo, espero provocar una crítica que pueda conducir a un diálogo posterior y a una búsqueda de soluciones contextuales.

La retórica del desarrollo/subdesarrollo

Durante el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de las naciones de Asia, África y América Latina, que habían sido o todavía eran colonias europeas, fueron etiquetadas como el mundo «subdesarrollado». Se articuló una retórica del subdesarrollo que impuso la necesidad universal de conseguir acceso inmediato a las culturas y estilos de vida creados en el contexto de la industrialización, y proporcionó las categorías y técnicas necesarias para hacerlo. El «desarrollo» era, supuestamente, la solución integral a la pobreza y la desigualdad en todo el mundo.

La profesionalización y la institucionalización fueron determinantes en la noción de desarrollo. El establecimiento y la autorización, por parte del mundo occidental hegemónico, de ciertos modos de producción (que a su vez debían conducir a «mejores» patrones de consumo) hicieron aumentar la importancia de los economistas del desarrollo. En este discurso estaba implícita la noción de que las formas de industrialización occidentales, su «progreso» tecnológico y sus modos de producción/consumo conducen inevitablemente a la democratización de las llamadas áreas subdesarrolladas del mundo.

En el concepto de desarrollo está inserta la narrativa ilustrada de una historia lineal y progresiva. La cultura consumista es proclamada parte de este progresivo movimiento «ilustrado» hacia el desarrollo. Por ejemplo, artículos en revistas como Time tachan continuamente de reaccionarias las protestas contra corporaciones multinacionales como Pepsi en países como India, lo que sugiere que rechazar el sistema económico de «libre mercado» y las opciones de marca ofrecidas por la cultura de consumo obstaculizaría la democracia y la libertad. Se dice que la llegada del cable de Ted Turner en el sur beneficia y de alguna manera revoluciona la vida cotidiana del ciudadano medio.

Ciberfeminismos

Existen varias aproximaciones al ciberfeminismo. Pero lo que comparten todas las ciberfeministas es la creencia de que las mujeres deberíamos tomar el control y apropiarnos del uso de las tecnologías cibernéticas en un intento de empoderarnos a nosotras mismas. Las ciberfeministas proponen utilizar las tecnologías de internet y crear espacios en línea que sean empoderantes para las mujeres. Creemos que internet es una cuestión feminista y estamos interesadas en las posibilidades que ofrece para el activismo y la investigación. Las ciberfeministas son productoras multimedia, administradoras o moderadoras de listas de correo electrónico, programadoras, diseñadoras de páginas web y mujeres que participan activamente en todo tipo de espacios sincrónicos y asincrónicos en línea. También nos preocupan los problemas relacionados con el diseño de software y hardware. Los trabajos de académicas como Donna Haraway (1990; 1992) y Sandra Harding han influido en muchas teorías y prácticas ciberfeministas.

Según Nancy Paterson:

El ciberfeminismo como filosofía tiene el potencial de crear una identidad y una unidad poética, apasionada y política sin basarse en una lógica y un lenguaje de exclusión o apropiación. Ofrece una vía para reconstruir la política feminista a través de la teoría y la práctica, poniendo el foco en las implicaciones de las nuevas tecnologías más que en los factores divisivos. (…) Las nuevas tecnologías electrónicas son utilizadas actualmente para manipular y definir nuestras experiencias. El ciberfeminismo no acepta como inevitables las aplicaciones actuales de las nuevas tecnologías que imponen y mantienen determinados estereotipos culturales, sexuales y políticos. El empoderamiento de las mujeres en el campo de los nuevos medios electrónicos sólo puede resultar de la desmitificación de la tecnología y la apropiación del acceso a estas herramientas.[2]

 Empoderamiento y reempoderamiento

El término «empoderamiento» se repite continuamente en la discusión y definición del ciberfeminismo, e implica la absoluta impotencia del individuo o comunidad que se está «empoderando». Hay cierto paternalismo vertical, aunque benévolo, implícito en el término.

Al contrario de lo que creían los primeros modernistas y colonialistas, ni las estructuras culturales, económicas y sociales innatas ni los sistemas de creencias del sur son culpables de su actual crisis económica y su dependencia casi parasitaria de la ayuda y patronazgo occidentales. Las regiones del sur están en ese estado porque, históricamente, sus identidades culturales, sus sistemas de creencias y sus estructuras sociales y económicas fueron mermadas o destruidas. Por ejemplo, durante el gobierno británico, los modos tradicionales de producción en India fueron reemplazados forzosamente por la producción industrial en masa, que era más beneficiosa para la economía británica que para la gente del subcontinente. En esa época, los productos tradicionales perdieron su lugar en el mercado y los productores tradicionales su confianza. La consecuente obsolescencia de formas tradicionales de comunidad y producción, bajo el envoltorio ideológico de la Ilustración occidental, hizo que los productores locales perdieran su identidad. Las personas con un conocimiento experto de las formas locales de producción fueron declaradas «ignorantes», y los modos de vida y pensamiento del sur se construyeron implícita y explícitamente como «atrasados» y «tradicionales». Los pueblos del sur fueron así desempoderados. Verhelst (1990) sugiere que la naturaleza del subdesarrollo en este contexto es un despojamiento de la identidad que deja a las personas sin ninguna capacidad de autodeterminación. Por lo tanto, como sugiere Mavrocordatos (1998), «en el contexto de una sistemática privación de derechos a las comunidades por parte del gobierno o las potencias colonizadoras, puede ser preferible abordar la noción de reempoderamiento».

Ciberfeminismo y el «tercer mundo»

Sean cuales sean las razones, nos parezcan justas o injustas, es innegable que, dentro del contexto global actual, las personas del sur deben permanecer conectadas con el norte si quieren acceder a distintas estructuras de poder. Las mujeres que desean reempoderarse y acceder a tales estructuras necesitan, en efecto, aprender a usar y tener acceso a diferentes tipos de tecnologías; pero ¿es cierto que la tecnología o el acceso y uso de internet en sí mismos realizarán la gran tarea de «ecualizar» las estructuras de poder? ¿Garantizan una reducción de las injusticias sociales, políticas y económicas a las que se enfrentan las personas desempoderadas dentro de las jerarquías mundiales? En este contexto, una mera descripción del acceso cultural y material o una lista de obstáculos para el acceso a internet no son indicadores de «progreso» o de empoderamiento. Estas prescripciones cibernéticas para el «empoderamiento» de las mujeres del sur ofrecen «soluciones tecnológicas y gerenciales (…) en lugar de abordar o resolver problemas (…) básicos» (Shiva, 1994). Crean nuevos problemas al «desestabilizar los medios de vida en el tercer mundo».

El análisis que hacen las ciberfeministas, tal como lo entiendo, todavía está dentro de un cierto paradigma o marco de pensamiento que asume implícitamente que la tecnología («occidental») y las nociones de progreso vinculadas a las perspectivas hegemónicas de la tecnología y la comunicación empoderan a las mujeres de todo el mundo. Si bien no ignora totalmente el hecho de que las mujeres explotan y dominan a otras mujeres, parece dar por hecho que una mayor presencia de mujeres en internet o en algunos lugares de poder garantiza automáticamente un mundo más igualitario.

Que no se malinterprete, yo también creo que la comunicación es poder. Y también creo que las estructuras de poder consolidadas en el norte definen gran parte de nuestra vida cotidiana, ya estemos situadas geográficamente en el norte o el sur. Por lo tanto, las mujeres en el sur necesitan tener acceso y ser capaces de usar las tecnologías de internet. Yo misma, a nivel individual, disfruto de los beneficios del correo electrónico, las listas de e-mail, la publicación en internet, etc, y creo que el potencial de las mujeres de todo el mundo para conectarse a través de internet, así como para crear «espacios públicos», existe. También sé que hay varias propuestas dentro del ciberfeminismo y que no todas las ciberfeministas omiten las complejidades de los contextos vividos. Sin embargo, lo que sostengo es que las principales prescripciones de las ciberfeministas (y del «primer mundo») para resolver los problemas de las mujeres del «tercer mundo» a menudo no abordan las complejidades de los contextos vividos en el sur.

Este artículo corresponde a una reflexión sobre cuatro preguntas relacionadas con las ONG internacionales, y en particular con las ONG del norte. 

  1. Si las ONG tienen un papel en el mundo globalizado, ¿sería este el equivalente del servicio a domicilio para el bienestar global (cucharillas en el comedor social), o por el contrario van a encontrar una identidad alternativa?
  2. ¿Están las ONG preparadas para representar y difundir modelos alternativos de desarrollo? 
  3. Si la financiación basada en el «éxito» a menudo constituye una debilidad de las ONG, ¿qué cambios son necesarios para alcanzar un impacto más profundo y amplio?
  4. ¿Cómo pueden las ONG establecer su independencia y autonomía de los gobiernos? ¿Tienen maneras de ser a la vez representativas (o localmente comprometidas) y globales? 

 

Notas

[1] El «tercer mundo» se utiliza para referirse al Otro de las regiones del «primer mundo».

[2] <http://www.vacuumwoman.com/CyberFeminism/cf.txt>

 

Referencias

Haraway, D. (1990): ‘Manifesto for cyborgs: science, technology, and socialist feminism in the 1980s’, en Linda J. Nicholson (ed.) Feminism/Postmodernism, London: Routledge.

Haraway, D. (1992): ‘The promises of monsters: a regenerative politics for inappropriate/d others’, en Lawrence Grossberg, Cary Nelson and Paula Treichler (eds.) Cultural Studies, London: Routledge.

Mavrocordatos, A. (1998): ‘Development theatre and the process of re-empowerment: the Gibeon story’, Development in Practice 8( 1): 8—20.

Said, E. (1978): Orientalism, New York: Vintage Books.

Shiva, V. (1994): Close to Home: Women Reconnect Ecology, Health and Development, New Delhi: Kali for Women.

Verhelst, T. (1990): No Life Without Roots, London: Zed Books.

Texto original: © Radhika Gajjala 1999. Reproducido por cortesía de Radhika Gajjala.

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