Continuismo catastrófico, nihilismo reaccionario

EDITORIAL

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Junio, 2025. En un reciente ensayo publicado en Cosmovisiones de otro mundo, la teórica y artista canadiense Patricia Reed nos recordaba que las verdaderas catástrofes no tienen que ver tanto con los cambios, sino con lo contrario: con aferrarnos a unas prácticas y unos idearios que ya no pueden seguir aplicándose.

 

 

Lo que define al pensamiento conservador, por tanto, es un continuismo catastrófico que consiste en no responder adecuadamente a las condiciones de existencia fluctuantes. Una negativa a responder que podría definirse como un nihilismo involucionario, un nihilismo reaccionario que nos ciega a la posibilidad de la fluctuación y por tanto a la posibilidad de nuestra propia supervivencia.

La historia social y económica de los últimos 150 años está plagada de casos, pero quizá su forma más ejemplar sería la reterritorialización —el término que Deleuze y Guattari utilizaron para referirse a la reapropiación de un territorio previamente asalvajado—. Si un conector fluctúa, muta o se enajena para producir una nueva vía, el circuito integrado habrá de devolverlo inmediatamente a su directriz prioritaria: seguir adelante, persistir, representar y reproducir.

 

 

El inmunogeólogo entra en la selva alienígena y se apresta a humano-formarla para su posterior capitalización y explotación. Porque el mundo será a su imagen y semejanza o no será.

 

 

Hablar un lenguaje diferente. Sentir el mundo diferente. Ser de una manera diferente. Esas son las cosas que el circuito integrado Macropod no puede permitir. —Y para ello tiene a sus maquinitas antropoformadoras (Trivium et Quadrivium) trabajando incansablemente desde sus despachos.

Hoy en día ser un conservador significa exactamente lo mismo que hace cien o doscientos años: significa no entender las dinámicas de fluctuación y cambio. Al final todo se reduce a la nostalgia por un orden de cosas retrogénico. Una suerte de utopismo invertido que, en lugar de seguir esforzándose por un mundo aún irrealizado, se refugia en lo ya conocido (la carencia, la desigualdad, la guerra, el hambre y la desesperación) y lo llama naturaleza.


Pero «hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que han sido soñadas en tu filosofía». Como una imagen invertida del dios Uno (el Padre ancestral del monoteísmo), nuestrxs agentes xenomórficos decapitan el orden superfluo de comando-y-control y proceden a la insurgencia ctónica. La teoría del robot sexual hacía tiempo que quería abordar las relaciones entre «El nuevo realismo y el feminismo» (Sexbot Theory). El arte de vanguardia, las ciencias de la computación y la filosofía hindú se fusionan en «La clausura de la razón» (AA Cavia). Claudio Kulesko y la Suprema Sacerdotisa de Nun nos explican la Demonología Revolucionaria de Gruppo di Nun en una jugosa entrevista (Dustin Breitling). La involución orgánico-reaccionaria del terraplanismo es analizada en clave de teoría-ficción (F.F. Giordano). Y como ya es costumbre os dejamos uno de nuestros avances editoriales, «Fragmentos de #Accelerate» (Robin Mackay y Armen Avanessian). 

CONTENIDOS (JUNIO, 2025)