HACIA UNA DEDUCCIÓN TRASCENDENTAL DEL 'JUNGLE' (FRAGMENTOS) 3/3
POR Maya B. Kronic
Maya B. Kronic: El evento Afrofutures tuvo lugar en 1996, y estuvo organizado por el CCRU y Kodwo Eshun. Visto retrospectivamente aquel fue un evento muy pionero. Mi memoria es un poco confusa, pero recuerdo que Steve estuvo haciendo de DJ y que pude pinchar al menos una de mis tracks más experimentales titulada «Dread Afriq», o lo que en realidad fue una especie de exploración a lo Wildstyle de esa pieza. Luego estuvo «KataçoniX», en Virtual Futures ‘96, donde yo hice la música y Nick hizo el texto junto con el colectivo Orphan Drift, que estuvo muy involucrado con el CCRU en los últimos años. Estamos hablando de VF ‘96 así que esto fue cuando el CCRU había semi «tomado el control». Realmente fue un campo de pruebas performativo para todas aquellas ideas. Hubo una serie de cuatro o cinco presentaciones, y en todas ellas alguien recitaba su texto con un fondo musical específicamente diseñado y producido para la ocasión. Entonces, Angus Carlyle, que venía de SWITCH…
Christopher Haworth: ¿Carlyle es un artista sonoro?
M.B.K.: Ahora lo es, sí, y enseña práctica de arte sonoro. Angus dio una charla sobre corporalidad y boxeo, cuyo texto está en uno de los números de Abstract Culture, creo, y para esa ocasión lo mezclamos con un loop de Wu-Tang Clan y le pusimos varios filtros, por lo que la charla fue como una especie de performance sobre eso. Rohit Lekhi hizo una pieza llamada «Black Bedlam», para la que también creé una especie de textura de audio atmosférica. Luego había un remix que hice para uno de sus artículos titulado «Futureloop», por la misma época de «Gray Matter». «KataçoniX» fue el más sofisticado, probablemente; era un track que hice a partir de breakbeats y prestando atención a la cuestión de la correspondencia acústica entre los tiempos y los componentes del habla. Realmente me gustaba ese track, pero nunca he podido encontrar una copia de la grabación, ni ningún otro registro sonoro del evento.
Entonces, VF ‘96 fue una ocasión que el CCRU aprovechó para probar aquella mezcla de texto teórico, sonido y música, y usarla como una performance, y transformar lo que era una conferencia en una especie de concierto-teórico. No sé si fue «exitoso» y probablemente ese no sea el punto, pero, como reflejo del cisma que había tenido lugar durante los preparativos, la respuesta del público fue muy variada. Había personas que estuvieron en VF desde sus primeras ediciones en 1994 y decían: «¿Qué es esto? ¿Ciberespacio? ¿Qué tiene que ver todo esto con lo virtual o con el futuro?» Y luego tal vez había otros que sí se involucraban. Me he encontrado a muchas personas que estuvieron allí y que aún lo recordaban, diez o quince años después.
C.H.: Entonces, ¿cuándo apareció el CD Nomo, si es que fue lanzado de alguna forma?
M.B.K.: En 1999, el grupo que más o menos se había mantenido unido como CCRU, Mark Fisher, Anna Greenspan, Nick Land, Suzanne Livingston y Steve Goodman (Mark, Anna y Nick fueron los responsables de la mayor parte de cosas que aparecen en CCRU Writings, el verdadero pandemonio de los mitos del CCRU) se mudaron de Leamington a Londres, o poco a poco la gente acabó yéndose a Londres. De alguna manera surgió la oportunidad de hacer aquella exposición en la Beaconsfield Gallery, y el CD Nomo fue producido para esa ocasión. Supongo que fue la primera y última vez que el CCRU recibió financiación para hacer algo.
Pero antes de eso estuvo el EP KataJungle de Steve y Mark, que era esa especie de extraño estilo garage gótico-nihilista. Creo que fue el primer disco que Steve sacó (una de las pistas está acreditada como Kode9). Junto con Nomo también hubo otro CD, Radius Suck, y un catálogo-folleto que hicieron con Orphan Drift. El espectáculo incluyó asimismo los diagramas que aparecen reproducidos en la edición de Fanged Noumena; los pusieron en la exposición, y también se hicieron ampliaciones a tamaño póster. Básicamente se trataba de dibujos que Nick había garabateado en su cuaderno de notas.
Recuerdo haber ido a aquel espectáculo y sentir que había algo que no me cuadraba en la manera de funcionar, o que el escenario no era el adecuado para el material. Yo había estado un poco alejado de todo, no había participado en los preparativos ni en la intensa locura previa al evento. Simplemente me había conseguido un trabajo y había tratado de olvidarme del asunto por completo… Pero una cosa muy distinta era ver al CCRU en el contexto de las galerías de arte contemporáneo (ey, ¿qué haces con esta habitación blanca?), y allí estaban todas esas personas deambulando, sin saber muy bien qué estaba pasando o cómo afrontarlo, excepto con una vaga actitud de respetuosa indiferencia a lo crítico de arte. Era un entorno muy diferente al del CCRU como yo lo había conocido, que siempre había sido un grupo de trabajo compacto; además, yo siempre había estado más interesado en producir productos replicables en lugar de performances. Sé también que ese espectáculo tuvo ocasión en un momento en que las cosas estaban empezando a desmoronarse, o incluso contribuyó a que se desmoronaran. Fue un momento muy difícil y estresante para todos los involucrados.
El CD Nomo vendría a ser una especie de continuación de lo que estábamos haciendo en aquellos años anteriores. Creo que fue interesante en términos del trabajo posterior de Steve como Kode9, con su teorización sobre el continuum del hiperdub y el nacimiento del dubstep; es decir, que lo que escuchas en ese CD es en gran medida la idea de que los beats están ahí de manera virtual: tienes esa especie de pulso a la velocidad del jungle, pero los beats casi nunca están ahí, simplemente emergen de la oscuridad de vez en cuando. Y no es que tengas una serie de textos teóricos para justificarlo todo; más bien es como si la teoría fuera una especie de putrefacción hecha de unos pocos elementos residuales que emergen de vez en cuando de un mar de limo. Es como si la digestión de la actividad teórica a manos del sonido se consumase en esas piezas. Para ser honestos, no son piezas que me ponga a escuchar muy a menudo, pero fueron una etapa interesante en todo aquel proceso.
C.H.: ¿A quién pertenecen las voces en Nomo?
M.B.K.: Solíamos tener preferencia por las voces femeninas, en parte porque el efecto de estas voces siempre fue más efectivo en ese tipo de contexto, como si se tratara de una observación empírica que posee una verdad; y en parte porque a nivel sonoro funciona mucho mejor. En Nomo puedes escuchar sobre todo a Anna Greenspan y Suzanne Livingston, pero también está Nick Land. En el momento en que el CCRU era una entidad casi oficial, las personas más activas habrían sido Mark, Nick, Sadie hasta que se fue, Anna, Suzanne, Steve y Luciana. Creo que ese habría sido el grupo central, pero en realidad nunca hubo carnets de socio ni nada por el estilo, por lo que siempre fue algo fluido. Rohit Lekhi, Tom Epps, Iain Hamilton Grant, Kodwo Eshun y otros estuvieron asociados en algún momento.
Lo extraño es que todos hemos estado más en contacto desde que Mark murió. Es algo triste que tuviera que ocurrir así, pero ha sido interesante hablar con otras personas que estuvieron allí y darse cuenta de que tienen el mismo sentimiento al respecto: «Algo realmente importante sucedió allí; y luego desapareció. Y desde entonces me he estado preguntando qué era.»
C.H.: ¿Hasta qué punto se consideraba que la música era algo especial o significativo dentro de este conjunto de referencias que incluían la teoría ciberpunk y la cibernética? ¿Podrías contarme un poco sobre la relación entre música y futuro en el CCRU?
M.B.K: Yo diría que la música tuvo un papel importante durante el nacimiento del CCRU, con la llegada de Sadie Plant y sus alumnos. Fue entonces cuando todos empezamos a prestar atención al papel que la música podía tener. Antes de eso, ya sabes, era algo mucho más vago, en plan: «Bueno, estamos interesados en la cibernética y el futuro, y por lo tanto, escuchamos música electrónica.» Y como dije, había noches de club vinculadas con Virtual Futures. Pero eso era todo. Lo que surgió con el CCRU, en primer lugar, fue esta comprensión de que la música electrónica altamente sintética, como sujeto de análisis, era particularmente interesante porque se trata de un estilo futurista surgido de un proceso cultural en gran medida no planificado por ninguna narrativa general; un proceso que no formaba parte de ningún modernismo consciente de sí mismo.
Una versión extendida de «Hacia una deducción trascendental del ‘jungle’» aparece en el libro Cultura cibernética y otros escritos del CCRU (Holobionte, 2024).
Fuente original en inglés:
<http://readthis.wtf/writing/towards-a-transcendental-deduction-of-jungle-interview-part-1/>
