LA RED ETERNA: CIBERCULTURA, CIBERFEMINISMO Y ACELERACIONISMO (PARTE 1)

POR EDMUND BERGER

Traducción de Federico Nieto

Estoy usando Twitter cada vez menos. A medida que las cuasi-cuarentenas van entrando en un ciclo continuo de eterno retorno, el aburrimiento se ha convertido en días de «scroll» y «refresh», hora tras hora, día tras día. Es algo cliché decirlo en este punto, pero mi capacidad de atención se encuentra destruida (una lectura reciente de Mientras agonizo de Faulkner resultó ser una lucha constante entre la dificultad del texto y la tentación de revisar mi teléfono móvil, y los proyectos a largo plazo se han sumergido en un diferimiento infinito). Bien. Mi descanso de las redes se truncó gracias a varias cervezas el día de ayer, pero está bien; a diferencia de las semanas pasadas, ayer sí sucedió algo interesante: @Aly subió a la red una «Guía para el autodidacta del Aceleracionismo», que instantáneamente se convirtió en objeto de una controversia menor –básicamente, se trataba de una lista de lectura que en líneas generales se salta a los sospechosos habituales (Marx, Deleuze, Guattari, Land, Fisher…).

 

Por un lado, la lista de Aly se puede ver como un ataque deliberado a la idea de «canon», socavando aquello que habitualmente se ha tornado en una sofocante retícula edipizante preparada para lograr una reducción del pensamiento y convertir cualquier expresión en una serie de movimientos estandarizados. Por otro lado, busca acercarse lo más posible a la «ardiente y vital centralidad de la temática», al resucitar lo que se ha convertido en el punto ciego del aceleracionismo: en particular, el linaje sepultado que se da a partir de Luce Irigaray y que culmina en el Xenofeminismo pasando por Sadie Plant y otras figuras del ciberfeminismo de los 90. La controversia que se dio gracias al registro de este linaje es desconcertante: el CCRU empezó con Plant, y la injerencia de personas como Mark Fisher en dicho entorno se dio a través de Switch, su unidad de estudios culturales pre-Warwick. Además, habría que tener en cuenta una entrada de 2005 en el blog de Fisher, «Continuous Contact»: en ella se toma una serpenteante ruta que va desde Ese sexo que no es uno de Irigaray hasta «Los telares futuros» de Plant y «Coming Across the Future» para examinar los lazos que vinculan a las mujeres con las computadoras. Las Qwernómicas de Nick Land se mencionan para resumirlas de la siguiente manera: «El esquizoanálisis que supuso el impacto del teclado Qwerty en las mujeres mecanógrafas durante el siglo XIX.» Y el épico «Scrap Metal and Fabric» de Amy Ireland (que también se menciona en la Guía para el autodidacta) amplía esta tendencia al llevarla más allá de la seguridad de cualquier orilla, recontextualizando la apropiación que hace Land del refrito moldbuggiano en este contexto.


Al querer sacar dicha trayectoria de las profundidades a la superficie, Aly también sitúa el aceleracionismo ‒que en la actualidad es más una veta del ciberfeminismo que al contrario‒ dentro del (sub)suelo que en primera instancia le dio origen: no el CCRU, pero sí una red caótica compuesta entre excéntricos políticos, productores culturales dementes, hackers y disidentes indefinibles de toda especie… (me doy cuenta de que al formalizarlo de esta manera se conjura nuevamente una sobrecodificación del canon, aunque admito que me obsesiona la historia subcultural). Habría que remitirse al texto de 1994 «Ciberpositivo», de Sadie Plant y Nick Land, el cual es más intrigante y puede que más interesante que otros trabajos posteriores del aceleracionismo, como el mismísimo «Colapso» (sospecho, sin disponer de mucha evidencia, que «Ciberpositivo» es de alguna forma un delineamiento esquizofónico para aquel texto que Plant desechó sobre la disolución del espectáculo situacionista, y cuyos fragmentos muy probablemente se convirtieron en Ceros + unos y Escrito con drogas)… 

«Los europeos solían morir infectados de enfermedades tropicales y cubrir sus campamentos mosquiteros como defensa contra la malaria. Ahora las enfermedades ciberpositivas diseminan trópicos extraños por la metrópolis y los sistemas de monitoreo explotan fuera de control. Los mosquiteros ya no filtran los invasores, que han aprendido a infiltrarse por la red. Ahora ni siquiera los programas de diagnóstico son confiables, ya que la red en sí ha sido infectada».[1]

«Ciberpositivo» apareció por primera vez en Unnatural: Techno-Theory for a Contaminated Culture, una tristemente olvidada alucinación radiactiva de los noventa compilada y editada por Matthew Fuller. Dentro de sus páginas se hallaba una red particularmente consistente: en ese entonces Fuller era parte de un «grupo de software especulativo» (I/O/D). El «primer ejemplar» de I/O/D, cuyas publicaciones eran una especie de «zines de textos experimentales y software» descargables, incluía el texto de Stephen Metcalf «Black Capital». El siempre misterioso Metcalf (que escribió «Third Terminal», también en las páginas de Unnatural) fue un estudiante de Plant y miembro de la unidad Switch, antes de afiliarse al CCRU después de la reubicación de Plant en Warwick. «Black Capital» sería republicado en el primer ejemplar del zine Collapse por Robin Mackay, mientras que su «Killing Time/Strife Kolony/NeoFuturism» inauguró el «swarm 2» del zine Abstract Culture (CCRU).

Fuller y otro contribuyente de Unnatural, Graham Harwood, dirigieron a principios de los años noventa el zine militantemente de izquierdas y pro-DIY Underground. En 1994 (un momento que cada vez más parece una especie de Año Cero) los dos ayudaron a organizar un evento en el Instituto de Artes Contemporáneas de Londres llamado Terminal Futures. El evento presentó charlas e intervenciones de grupos tales como I/O/D, Critical Art Ensemble, figuras de la periferia del mundo de los squatters y redes de radios piratas italianas, discográficas de tecno DIY, artistas del cómic underground, etc, pero el grupo de cabecera fue VNS Matrix, una conocida pandilla de punks digitales que «emergieron del ciberpantano durante el verano de 1991 en el sur de Australia». Tal como lo narra su «mito fundacional», el grupo tenía «la misión de secuestrar los juguetes pertenecientes a los tecnocowboys y remapear la cibercultura usando la tendencia ciberfeminista». Dicha visión del ciberespacio era enteramente adversa a la Ideología Californiana, la cual veía el futuro digital emergente como un retorno a un pastoralismo jeffersoniano de caciques y artesanos. Contra esto, las VNS Matrix ofrecían un desbarajuste fronterizo cuya naturaleza era intrínsecamente subversiva: un (no)espacio donde las identidades quedaban eclipsadas por la oscilación incontrolable de máscaras en desintegración y las instituciones rígidas eran rápidamente fagocitadas por la deslumbrante cacofonía de redes y contra-redes. O, para decirlo en términos lacanianos: el colapso de la cadena de significantes que hasta entonces sostenía la funcionalidad del orden simbólico.

«… somos el virus del nuevo desorden mundial 

rompiendo lo simbólico desde dentro 

saboteadoras del código central gran-papá

el clítoris es una línea directa con la matriz

VNS MATRIX

terminadoras del código moral

mercenarias del fluido viscoso» [2]

VNS Matrix (Josephine Starrs, Julianne Pierce, Francesca da Rimini y Virginia Barratt) dieron inicio al evento de Terminal Futures con un auto-historial titulado «Pathogenic Vectors». La pieza central fue «All New Gen», un videojuego que situaba al usuario dentro de una guerra contra el «ordenador central gran-papá» (definido como una representación del «entorno de datos del complejo industrial-militar» en un artículo reciente). Otras colaboraciones se dieron sucesivamente. En 1995, Francesca da Rimini unió fuerzas con Fuller y Harwood (de la mano de Gomma Guaneri del colectivo Decoder en Italia y el artista sonoro/DJ Scanner) para lanzar VIROGENESIS, una serie de charlas y experimentos multimedia en Australia. VIROGENESIS 2 aparecería poco después en 1996, y luego «Code Red», organizado por Julianne Pierce. Vale la pena mencionar aquí que una pieza de VNS Matrix también aparece en Unnatural, junto a «Ciberpositivo» de Plant y Land.

Había una congruencia fundamental entre el ciberfeminismo de VNS Matrix y el de Sadie Plant. Ambas «recuperaban» la historia de la tecnología que había sido codificada por órdenes masculinos y mayoritarios (que corren desde Charles Babbage hasta el complejo industrial-militar), re-enfatizando el rol oculto desempeñado por mujeres en su historia. Junto a esta labor de arqueología se encontraba también un interés mutuo por la materialidad del cuerpo. En una charla de 1994, en el evento «Towards the Aesthetics of Future» organizado por el ICA (el antecesor inmediato del Terminal Futures de Harwood y Fuller), Sadie Plant explicaba cómo las representaciones sobre el ciberespacio a menudo lo mostraban como un lugar de trascendencia, un espacio apartado que le permitía a uno dejar atrás los desechos del cuerpo humano. Su visión alternativa, por el contrario, ponía el foco en la importancia del cuerpo y los nuevos poderes (en el sentido spinozista-deleuziano) que estaban despertando a partir de la rápida evolución y las interrelaciones entre tecnologías informáticas, drogas y cultura tecno.


En una línea similar, Josephine Starrs de VNS Matrix declaraba dos años antes que: «muchos tecnófilos de la informática se enchufan a la máquina y pretenden olvidarse del cuerpo, rechazar el aspecto carnal de los cuerpos… Pero en nuestro trabajo no hemos dicho la última palabra sobre el cuerpo». Entre todas estas coordenadas entrecruzadas que desafiaban las distancias geográficas (en las que el ciberfeminismo, la cultura de los zines y DIY, la escena rave, los académicos desafectados y la cultura tecno se fusionaban y mezclaban con una salvaje indiferencia por la ortodoxia, los cánones, las instituciones, el estado y el capitalismo), es donde debemos situar el trabajo del CCRU y las corrientes en mutación del «aceleracionismo» que estaban fecundándose, si queremos entender lo que realmente estaba pasando en ese momento.


Las redes pueden extenderse, tal vez infinitamente. También podríamos mencionar las conexiones italianas: el colectivo Decoder de Gomma, los squatters, los técnicos de radios piratas… En algún momento a mediados de los años noventa, dicho brebaje regurgitó un grupo que se denominó «Transmaniacs», una pequeña camarilla de neo-situacionistas que acuñaron tratados alucinatorios en torno a sus derivas psicogeográficas a través de la metrópolis capitalista posmoderna (los miembros de los Transmaniacs fueron, casualmente, algunas de las mismas figuras que iniciaron el conocido «Luther Blisset Project»). Los escritos de los Transmaniacs, que anticipaban el estilo febril de la prosa alucinada y comprimida de la CCRU, fueron traducidos al inglés y publicados en Transgressions: a Journal of Urban Exploration. El comité editorial de Transgressions incluyó a su vez al «propio» Luther Blissett, Stewart Home, y Sadie Plant. Otro habitual de Transgressions fue Tom Vague del infame zine Vague; tal y como Mark Fisher después comentaría, «el ciberpunk británico fue inventado por el bricoleur modernista pulp Mark Downham en las páginas de Vague. Ciertamente no hubiese existido ningún CCRU sin los… tratados de Downham» que aparecieron en las páginas de dicha revista.

O pensemos en Stewart Home, la persona que se situó en la intersección entre el situacionismo y el Neoismo, al menos hasta aproximadamente 1985, cuando se dio cuenta de que el Neoismo se había convertido en un callejón sin salida. Fue en este momento cuando decidió revivir las ideas de Gustav Metzger sobre la «huelga del arte»: «Ciertos individuos colgaron sus herramientas y dejaron de producir, distribuir, vender, exhibir o discutir sobre su trabajo cultural por un período de tres años, empezando el 1 de enero de 1990.» Y es aquí donde encontramos nuevamente a Plant, ofreciendo sus reflexiones sobre la huelga (la cual ella vinculaba de vuelta al Dadá; posteriormente, la línea que derivaba del Dadá sería llevada a la cultura rave que tanto alimentó al CCRU), en Here & Now (véase la colección The Art Strike Papers para más información sobre este nexo).

 

El Neoismo y la subsecuente huelga artística serían una parte importante del tema presentado en el libro de Plant sobre los situacionistas, El gesto más radical, y fue allí donde la filósofa británica identificó una serie de problemas que atañían tanto a los críticos teóricos (concretamente, Baudrillard) como a los artistas experimentales que querían superar el Espectáculo. Estos esfuerzos datan de antes del «giro» ciberfeminista; y se sobreentiende, a mi parecer, que Plant terminó ubicando el advenimiento del ciberfeminismo como el punto crítico del consumo y el Espectáculo, en lo que puede ser considerado ¿como uno de los tantos? orígenes del aceleracionismo. Vale la pena comparar un famoso pasaje de El gesto más radical, inmediatamente posterior a las huelgas del arte:

«… el reconocimiento de que incluso el más radical de los gestos queda subsumido en este proceso no puede conducirnos a la petrificación y el silencio. Más bien al contrario, debe servir como una plataforma para estrategias subversivas de interrupción y provocación. Teniendo en cuenta tanto a los situacionistas como a los posmodernistas, es cierto que vivimos en una época en la que cualquier cosa puede ser apropiada para cualquier propósito. Pero solamente es en la ausencia de todo propósito donde desaparece nuestra capacidad para distinguir entre el plagio y la recuperación. Únicamente en un mundo en el que no hubiera dominación ni resistencia podríamos ceder al éxtasis sin fin de una comunicación sin sentido. Hasta entonces, los détournements, las subversiones y la ironía irreverente continuarán igualando las asimilaciones y disipaciones que fortalecen a la sociedad capitalista». 

Y la liquidación de la sociedad del control esbozada por Plant en un artículo de 1993:

 

«El ciberfeminismo es una tecnología de información que funciona como un ataque fluido, una embestida contra la agencia humana y la solidez de la identidad. Sus flujos quiebran los límites entre lo humano y la máquina, introduciendo sistemas de control cuya complejidad abruma a los dueños humanos de la historia. Secretado por la cultura, su futuro se revela en las pantallas, descargado viralmente en un presente que aún se esfuerza, con creciente desesperación, por vivir en el pasado. El ciberfeminismo simplemente es el reconocimiento de que el patriarcado está condenado. Nadie lo está haciendo suceder: no es un proyecto político, ni tampoco es una teoría o práctica, no hay fines ni principios. Sin embargo ya está sucediendo y se manifiesta como una invasión alienígena: un programa que se ejecuta más allá de lo humano». [3] 

Si se hace un intercambio entre las palabras «ciberfeminismo» y «aceleracionismo», como lo define el linaje del CCRU, los resultados son los mismos. Para Plant, el ciberfeminismo era un feminismo «irresponsable» que podría «no ser realmente un feminismo en absoluto»,[4] que estaba inclinándose hacia nociones de complejidad y autoorganización, una serie de agendas de exploración que en ese entonces parecían ser potencialmente liberadoras, pero que en ese mismo instante estaban siendo recodificadas por el capitalismo de Silicon Valley para convertirse en la lingua franca de la Nueva Economía de los 90. La modernidad se había movilizado lentamente a través de los siglos, pero ahora empezaba a acelerarse en tanto maquinarias, sistemas de procesamiento de datos, rutas de comercio y sistemas de telecomunicaciones comenzaban a «hackearse a sí mismas». Fisuras dentro del Espectáculo, cosas extrañas empezaban a filtrarse. 

 

 

 

Notas

 

[1] Sadie Plant y Nick Land, «Ciberpositivo», publicado en Cíborgs, zombis y quimeras: La cibercultura y las cibervanguardias, Federico Fernández Giordano, ed., Barcelona, Holobionte, 2020. Traducción de Ramiro Sanchiz.

 

 

[2] VNS Matrix, «Manifiesto ciberfeminista para el siglo XXI», publicado en Ciberfeminismo: De VNS Matrix a Laboria Cuboniks, Remedios Zafra y Teresa López-Pellisa, eds., Barcelona, Holobionte, 2019. Traducción de Toni Navarro. 

 

 

[3] Sadie Plant, «Beyond the Screens», Variant, N. 14, verano-1993.

 

 

[4] Sadie Plant, «Seduced and Abandoned: The Body in the Virtual World»: <https://www.youtube.com/watch?v=doL9mRMEUGw>