CÍBORGS, ZOMBIS Y QUIMERAS: LA CIBERCULTURA Y LAS CIBERVANGUARDIAS llegará por fin a las librerías el 27 de mayo.

 

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Tras la buena acogida de la antología Ciberfeminismo: De VNS Matrix a Laboria Cuboniks (Holobionte, 2019), llega nuestro segundo volumen dedicado a la cibercultura contracultural, y cuyo proceso de edición empezó también en 2017. Desde Holobionte no queríamos abordar un tema tan omnipresente en nuestras vidas desde un enfoque celebratorio, ni aséptico, ni modesto ni funcional; y tampoco desde la tecnofobia o la tecnofilia (si es que hay alguien que todavía piense en esos términos). Pues, como dijo el filósofo Martin Heidegger, la tecnología es mucho más que un mero medio, es «una manera de revelar».

CÍBORGS, ZOMBIS Y QUIMERAS toma su nombre de uno de los ciber-artistas más reconocidos mundialmente y figura clave de la tecnocultura: el performer chipriota-australiano Stelarc, cuyas ideas proféticas de los 90, plasmadas en un conocido texto («Zombies, Cyborgs and Chimaeras»), abren la antología y se inscriben en la quote de contracubierta:

«Vivimos en una era de exceso e indiferencia, de prótesis y sistemas operativos extendidos. Una era de órganos sin cuerpo, de órganos esperando cuerpos. Vivimos el tiempo del Cadáver, del Coma y de la Quimera: el tiempo de los zombis, los cíborgs, los híbridos y los humanoides.
»En esta era de hacking corpóreo, mapeos genéticos, aumentos protésicos, intercambio orgánico, trasplantes de rostro, reasignaciones de género, inteligencia y vida artificial, todo lo que siempre había caracterizado a la existencia humana es puesto en cuestión.
»Siempre hemos tenido miedo de lo automático y lo involuntario, del zombi y el cíborg. Pero lo que tememos es aquello que siempre habíamos sido, y aquello en lo que ya nos hemos convertido.»

 

 

Como ocurría con su binomio, CÍBORGS ZOMBIS Y QUIMERAS está profundamente arraigado en la época de mayor efervescencia de la cibercultura, es decir la década de los 90, aunque ambas antologías se prolongan y estiran hasta nuestro presente, abarcando un período de tres décadas en las que se involucran las obras y las ideas de pensadores y artistas que sin faltar a la verdad podríamos señalar como los verdaderos fundadores del siglo XXI.

Así, CÍBORGS ZOMBIS Y QUIMERAS se articula en cinco bloques que dan cuenta de un conglomerado calidoscópico, como no puede ser de otra manera al acercarnos al fenómeno tecnocultural que impregna todas las áreas de nuestra existencia. Desde el paradigma de William Gibson y su seminal obra Neuromante, pasando por el videoarte y net.art, la música electrónica y el afrofuturismo, la «teoría rave» surgida en el Reino Unido en los noventa, los «estudios glitch», la teoría de los medios, los estudios visuales, el ciberfeminismo y el hacktivismo, hasta el paradima cyborg de Donna Haraway y las teorías aceleracionistas del tecnocapital… Y un bloque final dedicado a la teoría de futuros y el futurismo, un área históricamente vinculada a la tecnocultura y la vanguardia.

 

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William Gibson y Bruce Sterling

 

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Lynn Hershman Leeson

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«… hay una maravillosa trayectoria, cuando no un arco entero de ideas, desde Lautréamont y los libros ilustrados de Max Ernst, los fotomontajes de John Heartfield y Hannah Höch, hasta la reencarnación de Joseph Cornell en Neuromante de William Gibson; o los sublimes artilugios de los bricoleurs ciberpunk de San Francisco, Survival Research Laboratories, que recorrían los túneles ferroviarios en busca de animales atropellados para posteriormente reanimarlos con pedazos de chatarra industrial. Utilizando basura y materiales de desecho provenientes de Silicon Valley y de la industria militar, crearon el Rabot, un conejo momificado que corría hacia atrás con ayuda de maquinaria, así como un “centauro” hecho a partir de un esqueleto de caballo injertado en un chasis robótico».

Mark Dery, «Comentarios intempestivos».

 

En la editorial Holobionte sentimos un aprecio especial por el binomio compuesto por Cíborgs zombis y quimeras y Ciberfeminismo, pues son dos antologías que nacieron y evolucionaron al mismo tiempo que nosotros, y esto se refleja en la ingente cantidad de autores, traductores y técnicos que han participado en su edición, sin olvidar las portadas artesanales y minuciosas de nuestra diseñadora Patossa, y los trabajos de maquetación. Muchas joyas que nunca antes habían sido traducidas al castellano aparecen en estos dos libros, y en CÍBORGS ZOMBIS Y QUIMERAS el reto fue todavía mayor por tratarse de una materia que tiene tantísimas y a menudo contradictorias expresiones. Es por ello que el libro inicia con una pequeña nota de agradecimiento para muchos de esos héroes y heroínas de la cibercultura que hicieron posible reunir (a lo largo de tres años, con su generosidad y muchas veces con un extraordinario compromiso) todos estos testimonios de un valor cultural inestimable.

Sobre estas líneas, páginas del «Manifiesto Glitch» (Rosa Menkman, 2009), editado fielmente al original en Cíborgs, zombis y quimeras: La cibercultura y las cibervanguardias, Holobionte, 2020.

 

 

 

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El rapero Rammellzee, uno de los artistas que aparecen en «Aceleracionismo negro», de McKenzie Wark.

«El cuerpo ha dejado de ser locura epifenomenal y escapa miembro a miembro de la organización europea. El jungle funciona como un acelerador de partículas, frecuencias sísmicas en el bajo que ensamblan un pulso celular capaz de sumergir al cuerpo en una intensidad de nivel molecular. El cuerpo cartesiano y neurótico, con su centro cefálico verticalista, se precipita en un movimiento browniano de descentralización y desorganización. Saca pecho, mueve la cintura. Tu yo se cuece al vapor mientras el núcleo del reactor colapsa.»

CCRU, «Máquinas enjambre»

 

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Cartel de la película Teknolust, protagonizada por Tilda Swinton y dirigida por Lynn Hershman Leeson.

«La materia piensa. El lenguaje piensa. Cuando tratamos con el lenguaje, estamos poseídos por sus sueños y demonios, y aumenta nuestra intimidad con los monstruos. Nos convertimos en criaturas híbridas, en quimeras, en centauros de nosotros mismos: flancos humeantes y pezuñas formidables y sólidas bajo una maquinaria corpórea.»

N. Katherine Hayles, «Conectividades parpadeantes en Patchwork Girl de Shelley Jackson».

 

 

 

 

Asimismo, CÍBORGS, ZOMBIS Y QUIMERAS no se contenta con recuperar los hitos históricos de la cibercultura más punk y rompedora, sino que también pone su foco en nuevos escritores y nuevos autores del panorama hispanohablante, algunos ya consagrados, otros que vienen pisando fuerte y deslumbran con su ímpetu y su talento. En conjunto, una panorámica única y prodigiosa en la que se dan cita todos los elementos cruciales para comprender nuestro tiempo hiper-tecnológico (y su cara más salvaje). Por fin en librerías, a partir del 27 de mayo.

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Ficha del libro y contenidos

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