comando y control: cibernética y bdsm
(parte 2)

Por Katherine behar

SOBRE DEMONIOS Y OTROS ESCLAVOS SEXUALES

El ejemplo clásico de Norbert Wiener para explicar los dispositivos de retroalimentación (lo que él llamaba, no por casualidad, «servomecanismos») es el termostato. El termostato recorre continuamente ciclos pasivos y activos: monitoreando pasivamente su entorno, comparando sus estados, y efectuando activamente un cambio físico para calibrar su estado corriente con su estado ideal o deseado, un proceso que se repite hasta el infinito. Según Wiener, el servomecanismo sería la representación encarnada del Demonio de Maxwell, una criatura hipotética que se encontraba a sí misma posicionada en un orificio. En el experimento mental de Maxwell,[i] el Demonio constituye un guardián situado entre dos cámaras de gas. Este Demonio evalúa la velocidad de las partículas que se aproximan a la puerta, abriéndola para permitirle a las partículas rápidas que se muevan en una dirección, y cerrándola cuando las partículas lentas se aproximan desde la otra dirección, orquestando así una disminución de la entropía. Dejando de lado si el Demonio de Maxwell llega a su orificio desde una posición de amo o esclavo, la cuestión que nos interesa aquí es que el Demonio es un algoritmo. Como una figura dentro de y hecha de código, este demonio algorítmico coincide con las cuatro características del sadomasoquismo propuestas por Gebhard: 1) los algoritmos, igual que el BDSM, surgen en las sociedades alfabetizadas; 2) son simbólicos por naturaleza; 3) dependen de la interacción y el contexto; 4) y están, por supuesto, programados.

AMOS Y ESCLAVOS

Existe una relación evidente entre la servidumbre «codificada» de un servomecanismo y la sumisión de un esclavo en el BDSM, pero esto sugiere una aproximación más precisa a la cuestión. Para comprender mejor la naturaleza de la dinámica de poder en la cibernética, deberemos examinar la realidad de la servidumbre en el BDSM. Como sostiene Anne McClintock, «decir que en las relaciones de sadomasoquismo consentido el “dominante” tiene el poder, y que el esclavo no lo tiene, es no haber entendido nada».


En la práctica, las interacciones sadomaso están planificadas de antemano por los participantes; se dispone un escenario, se preparan los accesorios, se ensayan los roles y se aprenden las frases. Estas interacciones son llamadas scenarios o escenas porque se trata de pura literatura (aunque resulta difícil imaginar que esa fuera la intención de Krafft-Ebing al escoger a sus tocayos literarios). Hay muchos ejemplos de cómo las interacciones sadomasoquistas están codificadas de principio a fin por símbolos y programaciones, y un análisis completo quedaría fuera del alcance de este artículo. Aquí me limitaré a ofrecer un solo ejemplo de código preestablecido, en tanto tiene que ver directamente con las relaciones de poder y comunicación. Este código del BDSM funciona concretamente como un «Forzar salida de programa».


John Alan Lee explicaba que, en un scenario, «cada uno de los participantes puede proponer una palabra de advertencia que se utilizará durante la sesión para indicar que se han alcanzado los límites del esclavo o esclava». McClintock concuerda con esto: «Los clientes y las dóminas normalmente se ponen de acuerdo en palabras clave, que el sumiso usará para intensificar, cambiar o interrumpir la acción. En consecuencia, muchos fetichistas del S/M afirman que es el sumiso quien tiene el control.»


Así, ingresar en los códigos y protocolos de la performance sadomaso constituye una forma de mitigar los riesgos para el participante pasivo; y, fiel al espíritu de Hegel, el esclavo sexual es quien tiene el poder verdadero, no el amo. La parte inferior/pasiva sostiene a la parte superior/activa, etc.


Visto desde la perspectiva de la política que codifica las relaciones tecnosociales, se diría que la herramienta, la máquina o el «robot» (que etimológicamente significa «trabajo forzoso») podrían tener el control más que ser controlados por sus usuarios. Mi intención no es entonar un grito de guerra para unir a los «esclavos» del mundo, ni tampoco pretende ser una advertencia distópica contra un futuro dominado por las máquinas, sino mostrar que las relaciones usuario/herramienta, o cualquier otra relación dentro de los sistemas comunicativos, no son relaciones fijadas jerárquicamente. Se trata más bien de una cuestión de retroalimentación [feedback], del mismo modo que ocurre en las relaciones BDSM. McClintock escribe: «La economía del S/M es la economía de la conversión: del esclavo al amo, del adulto al bebé, del hombre a la mujer, y viceversa.»

SITUACIÓN DE REHÉN

Como lo diría Hegel, «el señorío y la esclavitud» [Lordship and Bondage] están en juego en lo que respecta a la autoconciencia, y aquí es donde regresamos a la problemática cuestión de la individualidad. Evidentemente, es algo simplista decir que hay una similitud entre la relación del BDSM y la relación cibernética, dado que estas relaciones tienen diferencias sustanciales también. Mientras que en la relación BDSM hay siempre dos yoes, la pareja usuario/herramienta de la cibernética significa que estos yoes pueden ser solamente uno.[ii] En el BDSM, el sumiso puede apelar a «Forzar salida», pero la herramienta en una pareja usuario/herramienta no puede decidir que quiere salir. ¿De qué manera, entonces, puede un sumiso cibernético-hegeliano llegar a «dirigir»?

 

Los estudiosos de los juegos Ted Friedman y Alex Galloway describen el proceso por el que los usuarios deben internalizar primero la lógica maquínica, con el fin de aumentar su dominio sobre una máquina, como aprender el algoritmo. Aunque las tecnologías se nos aparecen como objetos, dándonos la impresión de que tenemos el dominio, estas herramientas son también sujetos activos, coaccionando de manera sutil y formidable a los usuarios para que se plieguen a sus requisitos. Friedman afirma que todos los juegos informáticos (y todas las interacciones humano-máquina, añadiría yo) «enseñan estructuras de pensamiento», de hecho, «reorganizando la percepción (…) por medio de hacer que el usuario internalice la lógica del programa». Y, en los acoplamientos cibernéticos más estrechos, «finalmente las decisiones [humanas] se vuelven puramente intuitivas, tan fluidas y en sucesión vertiginosa como las propias maquinaciones de la computadora».

 

Friedman usa la expresión «conciencia cíborg» para denotar el «nivel más profundo de colaboración» que subyace a la aparentemente antagónica relación entre un jugador exitoso y la IA del sistema. «Pensar como una computadora —dice Friedman— significa pensar junto con la computadora, convertirse en una extensión de los procesos de la computadora.» Aunque el sentido común nos diría que los usuarios controlan los dispositivos, en un sentido muy real, la intimidad autoevidente con la que un experto maneja una herramienta evidencia su sumisión a ella.

 

Podemos identificar el artificio literario cuando un esclavo BDSM consiente ser dominado; pero la relación usuario/herramienta está guiada por otro tipo de dinámica. Los top users o usuarios avanzados que ponen a prueba las nuevas tecnologías están también coaccionados por los dispositivos.

 

Así, desde el punto de vista de los yoes involucrados (dos en el BDSM, uno en la cibernética), las relaciones BDSM y cibernética podrían parecer desproporcionadas, pero, si las miramos como interfaces (como la superficie del yo, como vimos en la Parte 1), el BDSM y la cibernética son notablemente parecidas. Al igual que el mod para hardware fetishwear que vimos en la primera parte, los sistemas informáticos permiten una sola forma de interacción. Y no solo hay una única manera permisible de conectar la interfaz, sino que hay una única manera funcional para que la interfaz permita usar la herramienta. Mirar fijamente el mouse o hablarle al teclado no servirá de nada. El usuario está en una situación de rehén sin más remedio que aprender el algoritmo (y hacerlo de corazón).

CONTRATOS Y ESPECIFICACIONES

Ya sea por consentimiento o coerción, o si es el culo sumiso de la parte pasiva lo que sostiene a la parte activa, etc, lo que realmente sostiene toda la situación es la noción de contrato. Deleuze, argumentando en contra de la noción del sadomasoquismo como una unidad clínica y sintética, y también contra la intercambiabilidad entre los roles del sádico y el masoquista (claramente, Deleuze hubiera estado en contra de este artículo), señalaba que una de las diferencias distintivas entre el sadismo y el masoquismo era que el primero se basa en las intuiciones, mientras que el segundo se basa en el contrato. Deleuze recuerda los detallados contratos que Masoch elaboró con sus compinches, delimitando la naturaleza, los tecnicismos y el alcance de sus interacciones. Si Masoch, Wanda y Ludwig fueran un equipo de desarrollo de software, hubieran llamado a su contrato una especificación. La especificación establece el protocolo, explicando cómo (y solo cómo) funciona su programa. «La función del contrato es establecer la ley», explica Deleuze. Y así la ley define qué tipo de ropa fetiche fisicaliza: una interfaz para lo que queda fuera de los límites y su excepción.


Tanto las instituciones como los contratos cumplen una función de comando-y-control. Ambos definen relaciones entre un amo y un esclavo, entre un arriba y un abajo. La diferencia significativa que Deleuze identifica entre el contrato (sobre el cual todas las relaciones masoquistas están fundadas) y la institución (sobre la cual están basadas todas las relaciones sádicas) es que el contrato es una forma de coalición más provisional, más temporal e incluso más local al nivel de los individuos; mientras que la institución es una práctica global permanente al nivel de las organizaciones, o incluso de las sociedades, sin tener en cuenta a sus constituyentes. (…)

INDIVIDUOS, COMPLEMENTOS, UNIDADES IRREGULARES

Para Adorno y Horkheimer, Sade no hacía otra cosa que tomar al pie de la letra la Ilustración, llevando la racionalidad más allá de la hipocresía de la moral kantiana. Conectando a Sade con Nietzsche, mostraron la perversidad anárquica de Sade como una forma extrema de los valores de la Ilustración: un superdesarrollo excesivo de la razón, la ciencia y, sobre todo, el individualismo.[iii] El libertino es un übermensch, haciendo de Sade y el humanismo los fraternales herederos de la filosofía del individuo que tanto el posthumanismo como el fetichismo cuestionan.

 

 

Entonces, ¿qué o quién es lo que está en juego en el comando-y-control? Solemos ser bastante parciales a la hora de no considerarnos a nosotros mismos como seres parciales. Pero como hemos visto antes, pensar en la cibernética y el BDSM mutuamente (o cada uno con los términos del otro) proporciona una oportunidad para desplazar este sesgo. Se trata de dos sistemas fetichistas, y en ambos hemos dejado de ser individuos holísticos, o individuos volumétricos con un interior propio y autónomo, etc, para ser algo más parecido a las partes que componen la superficie de una unidad más grande.      

 

Sospecho que el «error semiológico» contra el que se resistía Deleuze es la idea de complementariedad que tuvo su origen en la afirmación de Krafft-Ebing, según la cual, «el masoquismo es lo opuesto del sadismo». Pero lo que la cibernética nos enseña sobre el S/M y el BDSM es lo siguiente: la complementariedad oposicional no es la manera de «ser como una unidad». La noción de McClintock de una «economía de la conversión» en el S/M, en cambio, requiere un tipo de unidad que no sea complementaria sino irregular. El BDSM y la cibernética están basados en la autoridad y la retroalimentación, no en la equidad y la reciprocidad. No son una cuestión de equivalencia, sino de respuesta y aproximación.

 

 

Esta idea es a la vez parte y todo de la cibernética, tanto en la teoría como en la práctica. Wiener establecía este punto claramente en su capítulo sobre el cambio de paradigma radical que va del tiempo mecánico y newtoniano (reversible, equivalente, intercambiable) al tiempo bergsoniano de la cibernética y los sistemas digitales (probabilístico, aproximativo, convertible). Pero, en este intervalo, una tercera noción de lo que significa ser «parte» o «todo» emerge como un precedente inesperado. Una noción que proviene del fetichismo.

DE USAR Y TIRAR

En su lectura de Georges Bataille, Denis Hollier ha caracterizado el fetiche como valor de uso. Se trata de un tipo de fetiche que se opone en todos los sentidos al fetiche clásico de Marx (es decir, la mercancía como puro valor de cambio). El fetiche marxista puede guardarse, acumularse y ser atesorado porque extrae su identidad de su intercambiabilidad (la premisa de la equivalencia) incluso en los espacios más llanos donde fluye el capital. Por el contrario, el fetiche de Bataille debe ser gastado, usado y desperdiciado. Este fetiche solo puede usarse precisamente porque es singular, no se trata de una repetición de lo mismo. El valor de uso es su irregularidad, y señala una economía de la conversión o del gasto [expenditure]. Pero ¿qué puede ser convertido cuando las dos partes son la misma cosa?     

CONCLUSIÓN

(…) Regresemos ahora a la figura del Demonio de Maxwell, que no es otra cosa que una metáfora para decir algoritmo. Como código, este demonio encarna la lógica de retroalimentación y programación que tanto la cibernética como el BDSM comparten. Dado que el demonio figura el código fluidamente en ambas prácticas, haciendo del BDSM y la cibernética algo equivalente, este demonio será nuestro código para la economía de la conversión. El demonio compone unidades irregulares; está componiendo una ahora mismo.


Al igual que el fetiche de Bataille, el demonio puede usarse para enseñarnos a anular diferencias basadas en categorías biológicas o «naturales». Esta intracambiabilidad (y no intercambiabilidad) permite que los sistemas naturales y no-naturales, o los sistemas vivos y no-vivos, coexistan en un acoplamiento BDSM o cibernético. En la economía de la conversión, los diferentes (el vivo y el no-vivo) pueden «ser como una unidad».


De este modo, si seguimos hasta el final las programaciones de la cibernética y del BDSM, se abre una comprensión más profunda de nosotros mismos, o que como mínimo nos permite hacernos una pregunta, una pregunta importante en el contexto histórico actual, imbuido como está a todos los niveles por el comando-y-control: ¿Cuál sería la cualidad-objeto que se encuentra en lo vivo, y cuál es la cualidad-sujeto que se encuentra en lo no-vivo?    

notas

[I] El Demonio de Maxwell es una criatura imaginaria ideada por el matemático James Clerk Maxwell para rebatir la segunda ley de la termodinámica: <https://es.wikipedia.org/wiki/Demonio_de_Maxwell> [N. del T.]


[II] A pesar de esto, el objetivo del presente artículo es trabajar hacia el punto en el que podamos pensar en ambos tipos de relaciones como si estuviéramos ante dos sujetos-objeto o dos objetos-sujeto. 


[III] El sexo del BDSM es también anti-antropomórfico en el sentido fascista o futurista de los humanos que actúan como máquinas, como cuando la Juliette de Sade se aproxima a la sexualidad con la fría racionalidad de un administrador de sistemas.

La versión completa de «Command and Control: Cybernetics and BDSM» fue originalmente presentada en 2009 en la conferencia Digital Arts and Culture conference, DAC09, dirigida por Simon Penny, y fue publicado en UC eScholarship: <https://escholarship.org/uc/item/42r1836z>

 

 

 

 

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