Mucho se ha escrito ya sobre la oposición entre Reza Negarestani y Nick Land, entre el así llamado neorracionalismo y el materialismo libidinal. Para algunos, sin embargo, el debate puede parecer algo abstruso, en particular en lo que respecta a Negarestani, ya que sus escritos no son discutidos en la acelerosfera con la misma frecuencia que los de Nick Land. En este artículo (que debe mucho a un excelente artículo de Vincent Le) intentaré ofrecer un panorama fácilmente digerible de los principales puntos en el combate entre Negarestani y Land.


MATERIALISMO LIBIDINAL: LAND CONTRA HEGEL

Hace un tiempo escribí en mi blog una introducción detallada al materialismo libidinal de Nick Land. Para recapitular brevemente, el materialismo libidinal podría decirse que es una ontología que descentra al sujeto racional en favor de lo afectivo [affect];[1] se inspira en una lectura subversiva de la tercera Crítica de Immanuel Kant, pero también en aportes posteriores de las obras de Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche, Georges Bataille, Wilhelm Reich, Gilles Deleuze y Félix Guattari. Según Land, Kant sostiene que los seres humanos solo devienen moralmente buenos cuando la razón ejerce una especie de violencia contra nuestra parte pasional o animal. La razón demostraría así su superioridad frente a la Imaginación (el nombre dado por Kant a la facultad de la mente humana para generar aquello que percibimos) mediante lo sublime. Cuando confrontamos algo sublime, dice Kant, como un paisaje vastísimo o la idea del infinito, somos incapaces de «intuirlo» y por tanto debemos aceptar que solo la razón es capaz de dar cuenta de algo semejante.


Land se preguntará si este argumento demuestra realmente la superioridad de la razón, como pretende Kant, o si no hace más que establecer a la razón como una forma de dominación contingente sobre los afectos. Es decir, dado que la razón no puede probar racionalmente su propia supremacía, debe cometer ese acto de violencia psíquica para suprimir nuestro lado animal o material. Si esto último es cierto (y Land opina que sí lo es), entonces la supremacía de la razón puede ser disputada. En opinión de Land, el intento filosófico de abrirse camino hacia un entendimiento del mundo mediante el pensamiento está llamado al fracaso. El mundo no puede ser contenido o comprendido por la mente pensante porque la realidad (aquello que permanece Afuera de la mente) es radicalmente impensableEntonces, los filósofos deberían sumergirse en el mundo y hacer de la filosofía más una exploración o aventura que una resolución de problemas.

La lectura de Kant llevada a cabo por Land se continúa a través de Schopenhauer (para quien la razón era apenas una «película» en la superficie de un mundo dominado por una Voluntad ciega, insaciable y despersonalizada) y sigue todavía más allá a través de Nietzsche (quien proponía una descripción mucho más positiva de la Voluntad en términos de una Voluntad de Poder inherentemente creativa). Este linaje filosófico culmina en Deleuze y Guattari, para quienes la materia es creativa por naturaleza y todo consiste en «máquinas deseantes» propulsadas por un «inconsciente maquínico».

Desde esta tradición, el pensador a quien se opone Land más firmemente es G.W.F. Hegel. El sistema del idealismo absoluto hegeliano hace colapsar la frontera entre el mundo que percibimos y el mundo real más allá de nuestras percepciones. Así, el sujeto no puede ser propulsado y constituido por fuerzas libidinales que irrumpen desde el Afuera simplemente porque no hay Afuera. Lo que se nos aparece como tal cosa, casi de un modo accidental, es apenas la parte de la mente ajena a sí misma.

Dado que todo aquello que parecía estar fuera de la mente ha sido replegado de vuelta a lo mental, la naturaleza del sujeto en sí deviene radicalmente contingente. El sujeto, para Hegel, no es otra cosa que lo que piensa, y por tanto no hace más que pensarse a sí mismo como siendo algo distinto. Ya no hay ninguna necesidad de ser afectado por el mundo para desarrollarse uno mismo, y por lo tanto ninguna necesidad de la radical inmersión landiana en los flujos libidinales.

Para Hegel, la Historia es un proceso cognitivo mediante el cual la mente llega a conocerse a sí misma. Por tanto, contra la insistencia del materialismo libidinal en la cualidad impensable del mundo real, el sistema hegeliano reduce la filosofía una vez más a pensamiento puro: el mundo puede ser comprendido mediante el pensamiento porque el mundo y lo pensable son coextensivos. Allí donde el materialismo libidinal ve exploración, aventura y divergencia, Hegel ve convergencia: la mente se ensambla a sí misma, abriéndose camino a base de puro pensamiento hacia un estado último de unidad en el que la Historia llega a su fin.

La oposición entre Land y Hegel radica en la condición del Afuera. Si en efecto existe lo Real en tanto radicalmente impensable, más allá de nuestras percepciones —eso que Land llama el «precipicio» [the Vast Abrupt]—, entonces el hegelianismo debe admitir que no todo es mente y que, por tanto, esta no puede pensarse a sí misma hacia la completitud de la filosofía. Y, a la inversa, todo ataque al materialismo libidinal que valga la pena debería problematizar el llamamiento a rendirse ante los flujos del Afuera por medio de encontrar un punto de retorno para la razón y el pensamiento.

NEGARESTANI: HEGEL CONTRAATACA

Dada la oposición recién expuesta, cabría pensar que la crítica más efectiva a las ideas de Land ha de ser aquella capaz de traer a Hegel de vuelta a la escena. Y esto es de hecho lo que encontramos en Reza Negarestani, quien hace las veces de un Hegel contrario al Schopenhauer de Land (y no cabe duda de que este gesto viene acompañado de la aceptación social y el prestigio académico que siempre ha garantizado representar el personaje de Hegel). Así como la crítica de Hegel al kantismo se articula en negarse a aceptar la naturaleza fija del sujeto humano presentada en la obra de Kant, la crítica de Negarestani a Land acusa a este último de pasar por alto la contingencia esencial de la naturaleza humana.

 

En su ensayo «La labor de lo inhumano», Negarestani centra su concepto de «inhumanismo» en la tarea de «auto-actualización de la razón». La razón, es decir, es concebida en términos de una crítica de sí y por extensión de la naturaleza humana. El inhumanismo de Negarestani es un proyecto en desarrollo que pretende repensar qué es la razón y qué significa ser humano. Es fácil reconocer aquí la conexión entre el modelo hegeliano de la Historia en tanto mente que avanza en el conocimiento de sí misma, aunque la visión de Negarestani es más exploratoria y abierta.

 

Si bien Negarestani no restringe su proyecto crítico al pensamiento racional, ya que hace énfasis en la importancia de la práctica (por ejemplo, en la manera en que repensar la naturaleza humana significa también reconfigurar las normas de conducta), sí rechaza explícitamente el descentramiento landiano de la razón para favorecer lo afectivo, y sostiene que «la potencia revisionista de la razón es la única fuerza autorizada a renegociar y definir la humanidad». De acuerdo con Negarestani, todo proyecto de revisar qué significa ser humano que se aventure más allá de los límites de la razón (como el materialismo libidinal de Land) solo puede acabar en tiranía.

 

Negarestani es lo suficientemente cuidadoso, no obstante, para admitir que «la agencia racional no es personal, individual, ni siquiera necesariamente biológica» (es decir, que su inhumanismo no se reduce a una crítica de qué significa ser humano centrada a su vez en lo humano), sino que esta concierne al proceso por el que la razón critica autonómicamente a la humanidad. Y la razón puede hacerlo con o sin nosotros: Negarestani se encarga de dejar claro que la crítica racional de lo humano nos mueve exitosamente más allá de lo humano. También está interesado en la inteligencia artificial, y ha llegado a decir que la filosofía en sí misma es un proyecto para su creación.

 

De esta manera, Negarestani aporta una alternativa al inhumanismo landiano que reafirma la supremacía de la razón a la vez que evade un humanismo ingenuo o un hegelianismo puramente idealista. El inhumanismo de Negarestani es pragmático, opera al nivel del discurso y de las normas de la conducta en lugar de las ideas abstractas, y presenta una visión crítica racional de la naturaleza humana, en la cual las consecuencias del hecho crítico se ramifican o se esparcen en lugar de converger. Del mismo modo que el landianismo, es xenotrópico y posthumano; y, a diferencia del landianismo, está comprometido con la razón y se niega a caer en lo Real impensable.

 

MÁS ALLÁ DEL RACIONALISMO: INTELIGENCIAS ALIEN

En su obra maestra Intelligence and Spirit, Negarestani prosigue el ataque implícito al landianismo, y lo hace profundizando en el hegelianismo de «La labor de lo inhumano». En un artículo reciente, Vincent Le hace un estupendo resumen de las ideas de Negarestani y le responde con contraargumentos basados en el más reciente (e inacabado) libro de Nick Land, Crypto-Currents.

 

Negarestani entiende el antihumanismo de Land como un pensamiento paradójicamente conservador, en tanto recae en una imagen fija de la naturaleza humana donde la mente no posee la capacidad de automodificarse de manera fundamental a través de procesos cognitivos. Para Negarestani, no reconocer que la razón es capaz de rehacerse a sí misma conduce a «la fetichización de las inteligencias naturales y artificiales en tanto procesos materiales autoorganizantes, o a la fe teleológica en el tiempo profundo de la singularidad tecnológica». Una descripción especialmente adecuada del lugar ocupado actualmente por Land.


Sin embargo, las ideas de Land sobre el Blockchain, como se las encuentra articuladas en Crypto-Currents, socavan la efectividad de estas observaciones. Land ve el Blockchain (el sistema de cotización descentralizado sobre el que operan las criptomonedas) como una concreción material de la filosofía crítica. El Blockchain es una «máquina de la verdad», un mecanismo destinado a producir una garantía de verdad de manera (casi) completamente material, sin apelar a ninguna clase de supervisión humana.


Normalmente, la garantía de veracidad se apoya en confiar a una mente humana la aportación de información creíble o la tarea de sostener juicios objetivamente correctos. Así, toda afirmación queda sujeta a debate y su valor reside en la confianza que podamos invertir en quien la ha propuesto. El Blockchain, en cambio, prescinde de la «confianza», ya que demuestra la verdad mediante la «prueba de trabajo», un proceso algorítmico completamente materializado.


Land aquí es cualquier cosa menos conservador. De hecho, es Negarestani quien parte de una visión estrecha y humanista de la cognición, al caracterizarla como capaz de cambiar únicamente al moverse por el espacio del pensamiento y el discurso racional. Para Land, por otro lado, el Blockchain encarna una suerte de proceso postinteligente que opera más allá del limitado «espacio sociosemántico» de lo humano. El lugar que la mente humana puede pensarse a sí misma como capaz de ocupar es nada comparado con lo que pueden hacer los algoritmos más allá del horizonte del pensamiento.


Por tanto, Land no solamente concibe a la inteligencia como capaz de moverse más allá del estrecho contorno de lo humano, sino que la entiende capaz de dejar atrás el espacio de razonamiento sociosemántico que Negarestani (equivocadamente) toma por la extensión completa de las posibilidades de la inteligencia. Como señala Land, el conexionismo —que postula una inteligencia capaz de operar desde los fundamentos hacia arriba [bottom-up] y no depende de la manipulación comunal de símbolos según leyes formales— demuestra que ese espacio sociosemántico no agota ni remotamente todo aquello en lo que puede devenir una entidad inteligente.


Land no niega que la naturaleza humana y la estructura del pensamiento humano sean contingentes (de hecho lo señala explícitamente en Crypto-Currents), pero sí cree que no podemos simplemente volvernos posthumanos por la mera potencia de nuestro pensamiento. Dado que no podemos pensar más allá de lo sociosemántico, la única manera de transformarnos en una clase distinta de seres es hacerlo mediante lo afectivo. Algo del Afuera debe irrumpir en nuestro mundo y tomar posesión de nosotros; de otro modo estaremos estancados siempre en nuestra pequeña burbuja humana.

CONCLUSIÓN: ARTE VS. INGENIERÍA

La brecha entre Land y Negarestani se podría comparar con aquella que separa al artista del ingeniero. Mientras Negarestani, que trabajó como ingeniero de sistemas, describe su proyecto como una «ingeniería de la filosofía», y centra su atención en procesos cognitivos que van desde arriba hasta los fundamentos [top-down], Land, como un inconformista artista-filósofo, se basa en la manera en que lo Real nos captura y hace lo suyo con nosotros: cómo somos transformados desde los fundamentos hacia arriba por aquello que nos afecta.

 

Negarestani afirma que, puesto que la mente es capaz de elegir para sí leyes que no están dadas en la naturaleza, debemos pensarla como causalmente independiente de la materia. Sin embargo, y como ocurría con el naturalismo biológico de John Searle, parece difícil que este intento por distinguir entre la reducción causal y la ontológica pueda conducir a otra cosa que no sea una forma de dualismo. Y, en contra de lo propuesto por Negarestani, el hecho de que la mente humana pueda generar normas que no están dadas por la naturaleza no demuestra en lo más mínimo que la mente no pueda ser reducida causalmente a su substrato material.

 

Si somos materialistas (y deberíamos serlo), entonces no podemos escapar de la prioridad causal del substrato sobre sus propiedades emergentes (la mente entre ellas). Por supuesto, esto no significa que la razón carezca de potencia causal, sino simplemente que no tiene un poder divino sobre la materia. La razón posee tan solo aquellas facultades que la organización de la materia le permite. Lo afectivo es esclavo de la razón solo en la medida en que esa dominación es algo consensuado.

 

Quizá Land vaya demasiado lejos al repetir las ideas de Schopenhauer sobre la razón como una «película» frágil y delgada dispuesta sobre el deseo, influido como ha estado siempre por la visión de Rimbaud del arte y la creatividad como una posesión demoníaca. Pero parece incuestionable que la humanidad solo puede ser transformada verdaderamente por las fuerzas del Afuera, y que el papel de la razón tiene más que ver con lidiar con las consecuencias de esos padecimientos que con la tarea de generar otros nuevos. En última instancia, es difícil concebir cómo una ontología materialista podría permitir que la razón sea el único medio de navegar por el espacio de las posibles naturalezas humanas.

[1] Para un desarrollo más detallado de los «afectos inhumanos» (inhuman affects) de Land, véase Land: The Thirst for Annihilation, 1992. Partiendo del «bajo materialismo» de Bataille, Land conceptualiza los afectos como «flujos libidinales» («inconsciente maquínico», «producción primaria», «cero intensivo», etc) en el sentido de una producción primaria o dimensión impersonal inmanente a la materia. [Nota de los editores.]

bibliografía

Land, Nick (1992): The Thirst for Annihilation.

Land, Nick: Crypto-Currents. Fragmento inconcluso disponible en GitHub: https://etscrivner.github.io/cryptocurrent/

Le, Vincent (2019): «Spirit in the Crypt: Negarestani vs. Land», en Cosmos & History, 15.1: https://www.cosmosandhistory.org/index.php/journal/article/view/763

Negarestani, Reza (2017): «La labor de lo inhumano», en Armen Avanessian y Mauro Reis, eds., Aceleracionismo: Estrategias para una transición hacia el poscapitalismo, Buenos Aires, Caja Negra.

Negarestani, Reza (2017): Intelligence and Spirit, Falmouth: UK, Urbanomic.