HACIA UNA DEDUCCIÓN TRASCENDENTAL DEL 'JUNGLE' (FRAGMENTOS) 1/3

POR Maya B. Kronic

«Esta es la primera parte de una larga conversación sobre la época de Warwick y el CCRU en los años noventa, y sobre la importancia de la música (particularmente el jungle) en dicha escena. La entrevista fue realizada por Christopher Haworth como parte de su proyecto de investigación financiado por AHRC, titulado «Música e internet: Hacia una sociología digital de la música». Quiero dar las gracias a Christopher por inspirarme y hacerme reflexionar sobre la importancia de la música para la escena de Warwick/CCRU. Estoy seguro de que mis recuerdos de esos años no son del todo precisos, y por ello los datos históricos aquí mencionados no deben tomarse como autorizados.»

                                                                      Maya B. Kronic (a.k.a. Robin Mackay); ‘Towards a Transcendental Deduction of Jungle’ (Part 1)

comparte en:

Christopher Haworth: ¿Podrías contarnos algo sobre tu background y sobre la época en que llegaste a Warwick y conociste a Nick Land?

 

Maya B. Kronic: En términos de background me interesaba la música, había estado en algunas bandas y también había sido uno de los primeros en adoptar la informática doméstica (obtuve mi primer ordenador, un Sinclair ZX81, a la edad de seis o siete años). Así que estaba al corriente sobre programación, algo que no abunda tanto entre los niños de la actualidad, a pesar de que están todo el día rodeados con dispositivos digitales. Con aquellos ordenadores domésticos, había que aprender a programarlos para que hicieran cualquier cosa. En los quioscos vendían revistas con CD’s de programas que tenías que instalar en la disquetera del ordenador. Entonces, ese fue uno de mis intereses tempranos.

 

Cuando tenía dieciséis años y empecé con los estudios de preparatorio, quise elegir informática, pero por un problema de horarios no pude hacerlo y acabé estudiando filosofía, aunque no sabía muy bien lo que era. Gracias a dos profesores realmente magníficos en la universidad de sexto grado, descubrí que era algo que de alguna manera había estado esperando, algo que realmente logró atraparme. (…)

 

Llegué a Warwick en 1993, creo (…) pero no fue hasta el segundo año cuando me encontré por primera vez con Nick Land. De él me cautivó su personalidad abierta e inquisitiva y el hecho de que parecía ser alguien que realmente estaba haciendo filosofía, en lugar de informar de segunda mano sobre otros que lo habían hecho, siempre evaluando y perfeccionando lo que había sucedido antes. Había una energía emocionante en lo que estaba haciendo y también en los pensadores que me descubrió o que conocí al asistir a sus clases. (…)

 

Había personas interesadas en el tipo de cosas que aparecían en la revista Wired, gente entusiasmada con los inicios de internet, las redes neuronales y la nanotecnología. Por supuesto, la web estaba en su infancia. Durante mi primer año en Warwick, tenías que bajar a un sótano oscuro donde había una gran sala de computadoras, un lugar cavernoso y lleno de geeks. Allí estaban todos los ordenadores de la universidad y podías conectarte a internet. Recuerdo haber descubierto a través de uno de los primeros navegadores cómo acceder a los contenidos de la web y descargar textos o libros. En ese momento, aquello no debía de parecerme gran cosa, pero gracias al contacto con aquellas ideas que circulaban por el departamento pude conectarme con toda una corriente de especulación teórica y se convirtió para mí en el indicador de algo mucho más expansivo, algo orientado hacia el futuro.

 

Entonces, ya había una serie de cruces teniendo lugar porque a Nick le gustaban todas estas cosas y siempre estaba interesado por lo que sucedía en la nanobiología, la computación cuántica y ese tipo de cosas.

 

Entre 1994 y 1997 se celebraron en Warwick una serie de conferencias, las Virtual Futures, originalmente organizadas por tres estudiantes de posgrado, Eric Cassidy, Dan O’Hara y Otto Imken. Eran una especie de coagulación de todos aquellos estudiantes y sus diferentes intereses, y también atraían a personas de más lejos. 

Cartel del primer seminario 'Virtual Futures' (Universidad de Warwick, 1994)

Al principio las VF estuvieron más inclinadas hacia el lado de Wired, la especulación sobre el futuro de la tecnología, pero también había un fuerte interés por el ciberfeminismo y por los espacios de interferencia entre la ficción y la filosofía. Aquellos seminarios incluyeron muchos debates sobre el ciberespacio, el vínculo entre tecnología y cambio social, etc. El primero fue un pequeño evento de estilo académico con ponencias y mesas redondas, pero para 1995 había aumentado diez veces su tamaño. Había gente como Manuel DeLanda, que en su trabajo combinaba de forma sincrética cosas como la teoría de la complejidad y audaces tesis sociológicas o políticas sobre la tecnología. En esencia, se estaba produciendo una gran cantidad de fertilización interdisciplinaria. Creo que, al menos desde el lado de Warwick, mucho de esto ya estaba surgiendo a partir de la intuición de que en Capitalismo y esquizofrenia Deleuze y Guattari habían abordado las cuestiones en torno a la complejidad, la cibernética, la economía, el deseo y lo social de una manera que profetizaba el entrelazamiento de cosas característico de aquellos años, a medida que nos acercábamos al siglo XXI.

 

Creo que esos eventos fueron bastante pioneros y únicos en su momento. Había una sensación de que se podía abordar y hablar sobre todos esos temas de una manera local, y aportarles algo diferente. Y, aunque no fue evidente al principio, iba surgiendo un desprecio subyacente por la ingenuidad del discurso ciberoptimista californiano que decía: «La tecnología nos liberará.» Un ejemplo sería el giro que supuso gente como Stelarc, ese tipo de bricoleurs cibernéticos semimasoquistas y obscenos, así como una diversidad de artistas como performers, novelistas de ciberpunk, personas que hablaban sobre música electrónica, todos ellos contribuyendo a inclinar las cosas más hacia el lado salvaje, así como teóricos y académicos.

Reseña de 'Virtual Futures' en un periódico de la época.

Las conferencias iban acompañadas con noches de club. Entre 1994 y 1995 todo creció enormemente y empezó a parecerse más a una onda ciberpunk que a cualquier programa académico reconocible (o a cualquiera de esos evangelistas tecnológicos). (…) Reforzado por las exploraciones de los artistas en el nuevo entorno del ciberespacio, había más presencia del lado oscuro en el asunto: la idea de que lo humano debería ser abolido, o como mínimo trastornado, un proyecto que no podría traducirse en ninguna clase de migración angelical al ciberespacio, sino en una desintegración de la sociedad humana en su propia infraestructura maquínica, algo que debería causar una perturbación masiva en nuestro sentido de nosotros mismos, en lugar de ser simplemente una especie de trascendencia. (…)

 

 

En el ‘96, cuando yo participé como organizador, había mucha irregularidad financiera, nadie sabía muy bien lo que allí se cocía y creo que eso terminó metiendo en problemas al departamento de filosofía. Las cosas eran más flexibles en aquella época, ya sabes. Yo mismo solía robar la tarjeta de acreditación de la máquina fotocopiadora departamental para imprimir ****collapse, o simplemente lo llevaba a la imprenta y les decía que era para el departamento; aunque para la segunda ocasión me telefonearon y me dijeron que algunas imágenes eran demasiado pornográficas, y se negaron a imprimir la portada. 

Arriba, portada del libro “Virtual Futures: Cyberotics, Technology and Post-Human Pragmatism”, editado por Joan Broadhurst Dixon y Eric Cassidy (Routledge, 1998), con contribuciones de VNS Matrix, Hakim Bey, Sadie Plant, Manuel DeLanda, Iain Hamilton Grant y Nick Land, entre otros. A la derecha, imágenes de Virtual Futures y el fanzine ****collapse.

Sadie Plant había estado presente en Virtual Futures, y creo que fue en 1996 cuando Warwick la contrató para fundar la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética. Sadie trajo consigo a varios de sus estudiantes en Birmingham. Ya me había encontrado con algunos de ellos porque habían participado en VF y otros eventos. Pero fue entonces cuando pude conocer mejor al grupo SWITCH, que estaba formado por Mark Fisher, Rob Heath, Stephen Metcalf (que no vino a Warwick), Tim Burdsey y Angus Carlyle (que estaba en Manchester). Suzanne Livingston también estaba entre los estudiantes que vinieron con Sadie, se convirtió en una integrante del CCRU y realizó muchas de las ilustraciones aparecidas en publicaciones y demás. Creo que Suzanne no era parte de SWITCH en ese momento (¡eran más bien un grupo de tíos!). Pero SWITCH eran gente muy guay, aparecían y hacían aquellas presentaciones todos juntos, con un telón de fondo con clips de vídeo de Terminator y Predator. Me parece que en esa etapa usaban también una banda sonora. Eso era algo que no había visto antes. Tenían mucha actitud. (…) Y conocerlos fue una renovación de la idea de que es posible, para el trabajo teórico, ser parte de lo que Mark Fisher llamaba simplemente «producción cultural»: estás produciendo algo que es estéticamente excitante, que involucra impulso narrativo, imágenes, sonido y estimulación sensorial, pero que a la vez es teoría, a la vez es intensidad cognitiva.

 

 

C.H.: ¿Y entre los demás, también se produjo este desplazamiento hacia marcos menos institucionales?

 

M.B.K.: Sí. Creo que algunos de ellos llegaron a realizar maestrías en Warwick, antes de hacer sus doctorados, no estoy seguro. Lo que sí sé es que había muchas políticas institucionales extrañas vigilando lo que hacía Sadie en el departamento, y muchas quejas del tipo: «Eso no es filosofía», «¿Por qué está aquí?»… Ella por entonces ya había adquirido cierta notoriedad y solía aparecer en la prensa, por lo que seguramente se trataría de un caso de negocios en Warwick: «Traigan a esa profesora que se va a crear una reputación de ser “innovadora” y “de vanguardia”, e instálenla aquí.» No sé si fue eso realmente lo que ocurrió, pero lo cierto es que había inquietud hacia ella y eso fue lo que Sadie notó.

 

 

Sé que los demás también tuvieron dificultades, en particular a Mark le costó mucho tener que ir a una reunión tras otra y a las sesiones de supervisión de doctorado y justificar lo que estaba haciendo, ya sabes, Toy Story + Baudrillard… «¡Eso no es filosofía! No es riguroso. No has leído esto. No has leído aquello…» Creo que fue una experiencia formativa para Mark, en sentido negativo, en términos de su crítica a la autoridad intelectual, la culpa y la clase, y una vez que terminó su doctorado probablemente lo impulsó aún más a querer crear un tipo de teoría pop que funcionara en otros canales, sin encontrar ese tipo de barreras institucionales. (…)

En 1995, con la presencia de gente como Stelarc y Orlan, aquello empezó a atraer la atención de los medios y eso pudo parecerles algo positivo a las autoridades univer- sitarias, cuando no al mismo departamento de filosofía; de algún  modo así se conectaban con la cultura de Wired y conseguían publicidad para Warwick. No tengo ninguna duda de que toda aquella escena y la publicidad que recibió realmente atrajo a los estudiantes del departamento de filosofía.  

El artista chipriota-canadiense Stelarc en Virtual Futures 95'

C.H.: ¿Land fue expulsado mayoritariamente del departamento, o hubo alguien que lo apoyara?

 

M.B.K.: No sé mucho sobre lo que ocurría a nivel interno. Durante todo el tiempo que yo estuve en Warwick, Land se llevaba bien con Keith [Ansel-Pearson]. Sé que por un tiempo incluso planearon escribir un libro juntos, con alguien más de la escuela de negocios, y que iba a titularse Posmodernismo maquínico. No es que Nick fuera deliberadamente abrasivo con los demás miembros del personal, no lo creo, pero en ocasiones quizá decía lo que pensaba de manera imprudente, y probablemente no estaba muy interesado en mantenerse al día con el aspecto burocrático del trabajo. Yo diría que el personal más antiguo de Filosofía Continental era un poco condescendiente con él y con sus estudiantes. Luego estaban los profesores más analíticos del departamento, creo que tenía buena relación con Greg Hunt, por ejemplo, que trabajaba en computación. Nick trajo muchos estudiantes al departamento y eso no podía negarse. Comenzó a volverse un problema mayor cuando se hizo obvio que las actividades de Nick y los estudiantes relacionados con él no eran meramente académicas y no encajaban en ninguna definición conocida de «filosofía».

 

Realmente no tengo claro qué pasó ni cómo se deterioró la situación, o incluso cómo terminó la existencia real del CCRU, excepto que tuve la sensación de que Sadie no se sentía bienvenida, y ella no era el tipo de persona que aguantase mierdas. Pero durante el tiempo que estuvo allí, y aproximadamente un año después de su marcha, el CCRU existió virtualmente. Y durante un cierto período hubo físicamente una sala donde la gente solía reunirse para discutir.  

 

C.H.: Esto no era en Warwick, ¿verdad?

 

M.B.K.: Sí, sí…

 

C.H.: Oh, ¿en serio?

 

M.B.K.: En el departamento de filosofía, sí. Durante un tiempo hubo una oficina, aparte del despacho de Sadie. Ella de alguna manera logró que eso sucediera, y luego, por un tiempo, incluso después de su marcha, la oficina todavía estaba allí, y se usaba como una especie de lugar común para nosotros. Pero el CCRU nunca fue una entidad oficialmente reconocida.  

 

C.H.: ¿No se mudaron a un apartamento encima de una tienda?

 

M.B.K.: Eso fue después de que yo me fuera. Después de 1998, algunos miembros del CCRU se mudaron a ese apartamento en Leamington, y más tarde a una casa donde al parecer había vivido Aleister Crowley. Yo había obtenido mi título y una maestría y luego comencé a hacer un doctorado en Warwick. Creo que en esa época estaba algo desorientado y asfixiado por haber estado demasiado tiempo en la universidad. No tenía claro qué estaba haciendo el CCRU o hacia dónde iba, y ya puestos, tampoco sabía muy bien qué estaba haciendo yo mismo. 

 

Así que me fui antes de ese punto en el que todos acabaron separándose de Warwick, porque cada uno andaba terminando su tesis, Sadie ya no estaba allí, Nick se fue o perdió su trabajo, y el CCRU simplemente se convirtió en este grupo flotante y desvinculado de toda institución. Estuve allí hasta el período justo anterior a la marcha de Nick, durante la fase de manía numérica extrema, lo cual fue bastante inquietante, algo preocupante de presenciar. He escrito sobre esto en algún otro lugar… En aquel momento, el curso de Filosofía Francesa Contemporánea era todavía una entidad. Nick solía dar este seminario en un bar que se llamaba The Airport Lounge, no sé por qué lo construyeron para que pareciera un salón de aeropuerto pero tenía ventanas alrededor, y ese día estaba nevando, la nieve se arremolinaba a nuestro alrededor. Todo esto ocurre a las diez de la mañana. Nick comienza a repartir todas esas hojas, esos diagramas de un teclado con las iniciales de los capítulos de Mil mesetas (los mismos diagramas que aparecen reproducidos en Fanged Noumena). Sin duda, había algo raro en todo eso, simplemente porque Nick estaba más allá de los límites de cualquier tipo de consenso social o intelectual, más allá de los límites de la vergüenza por no ser intelectualmente riguroso o socialmente aceptable; se trata de llevar el pensamiento exploratorio más allá de todo eso, ¿sabes? Y bueno, algo realmente extraño le estaba sucediendo a esta persona y nosotros estábamos siendo testigos de ello. Probablemente seguí a Nick más lejos que nadie en esta cuestión de la numeración intensiva, porque era algo en lo que yo también había estado intentando trabajar, y en cierto modo había una conexión con el jungle en esto también, pero finalmente yo tampoco fui capaz de seguirlo más. 

Apuntes de "qwertopología" (Nick Land, Fanged Noumena Vol. 1)

De manera que sí, eso era algo preocupante, pero tampoco era algo que puedas… Le dijimos a Nick: «Ey, de verdad estamos inquietos por ti. La gente se está empezando a preocupar.» Pero no puedes decirle ese tipo de cosas. Él simplemente diría algo como: «No es necesario. La entidad tiene algo que hacer para mí…» Porque en esa época había varias entidades por ahí, actuando a través de la gente; era algo que entre todos habíamos cultivado, como una forma más precisa de hablar sobre los procesos de producción sin referir a personas concretas, y creo que eso se volvió cada vez más importante para el CCRU: el curso de Filosofía Francesa Contemporánea se convirtió en Cur, esa entidad que poseía a todos los que habían pasado por el curso; y luego llegó Vauung…

 

 

Ese período fue el precursor directo del material que está en el libro CCRU Writings. Se trata del trabajo que hicieron después de Warwick, y que de hecho es una puesta en obra de ese tipo de abstracción práctica de la que hablaba antes, ese tipo de despersonalización en la que, al abordar las cosas desde una posición externa y desapegada, terminas lidiando con estas entidades cibernéticas hipersticionales, como egregores que tratas como si existieran y, en virtud de hacerlo colectivamente de forma coherente, en cierto sentido lo que haces es convocarlas. Eso es una parte central de lo que el CCRU llamó «microproducción cultural».

 

 

La mejor manera de entender cuál era el programa detrás de todo esto es tomando las palabras «cultura cibernética» como una doble proposición: por un lado, sí, se trataba de hecho de que las máquinas cibernéticas computacionales estaban desempeñando un papel cada vez más importante en la generación de cultura, en la configuración de la imaginación cultural. Por supuesto, vivimos en una «sociedad cibernética», una «cultura cibernética» en ese sentido. Pero por otro lado, también, se trataba de proyectar la comprensión cibernética de vuelta en el contenido mismo de la cultura: comprender la producción cultural misma como un sistema cibernético, comprender cómo se sintetizan y generan las ideas, imágenes, palabras y sonidos, cómo se difunden y propagan, cómo son desarmadas y vueltas a sintetizar.

 

 

Y creo que esa perspectiva dual era única en ese momento. Por ejemplo, es muy fácil identificar un parecido entre lo que veíamos en la revista Wired en los años noventa y las TED Talks de hoy. Ya sabes, siempre ha existido este tipo de discurso muy optimista, que es esencialmente humanista, incluso cuando se habla de escapar del cuerpo humano. Sigue siendo humanista en el sentido de que realmente no cuestiona ninguna de las ideas fundamentales y convencionales de lo que significa ser humano y lo que debe ser valorado. El CCRU fue algo muy distinto de eso desde el principio. Y creo que el énfasis en la cultura popular es importante porque la cultura popular es una cultura diseñada para alcanzar a sectores inmensos de población, para propagarse mediante el uso de máquinas y mercancías producidas en masa, produciendo oleadas de afecto colectivo que estimulan el cambio social. Eso fue algo que algunos traían de su formación en los Estudios Culturales, pero que luego mutó y se desarrolló en otras direcciones en el nuevo entorno.

Imagen de cabecera y vídeo: Orphan Drift 

XENOMÓRFICA MAGAZINE