INTRODUCCIÓN A 'FANGED NOUMENA VOL. 2'
(ADELANTO EDITORIAL)

04/01/2023. Para la entrada del nuevo año, os dejamos un avance editorial de un libro que llevamos esperando mucho tiempo. Nos alegra infinito presentar en Xenomórfica Magazine un extracto de la introducción escrita por Robin Mackay y Ray Brassier para la edición inglesa de Fanged Noumena (Urbanomic, 2012). La traducción íntegra de esta introducción aparecerá el próximo marzo en Fanged Noumena Vol. 2, en Holobionte Ediciones. 

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Nick Land es probablemente la figura más controvertida que ha surgido de la anticuada cultura de la filosofía anglófona en las últimas décadas; y a pesar de este hecho (o precisamente debido a ello), los textos recogidos en Fanged Noumena permanecieron en la oscuridad durante muchos años. (…) Entre 1992 (año de la publicación de su único libro) y 1998 (cuando renunció a su cátedra de Filosofía en la Universidad de Warwick y abandonó la academia), Land acumuló una fama considerable en un medio que hasta entonces se había caracterizado por el decoro embrutecedor. Figura divisiva y polarizadora, Land provocaba la adoración y la execración a partes iguales. Sus embates a la «santísima trinidad» de la filosofía continental (la fenomenología, la deconstrucción y la teoría crítica) le ganaron la enemistad de sus pares más ortodoxos; y, mientras que su virulento antihumanismo ofendía a los conservadores filantrópicos, sus ataques a la crítica institucional le valieron el oprobio de la izquierda académica. Los marxistas, en particular, quedaron indignados por su agresiva y herética defensa sociópata de «una mercantilización todavía más desinhibida de los procesos que están derribando el campo social»[i] (la aceleración, más que la crítica, de una desintegración social que tiene lugar por medio del capitalismo). Pero el desprecio total de Land hacia la ortodoxia y lo aceptable no se convirtió en una pose falsa mientras se persigue el lucro propio, y con una completa ausencia de ambición académica pagó voluntariamente el precio por sus provocaciones tanto en lo profesional como en lo personal.


Una vez que estuvo por fin «retirado», la ortodoxia académica selló de manera rápida y silenciosa aquella herida mortal infligida por el asalto relámpago de Land, de manera que durante los primeros años de nuestro siglo se había convertido en un personaje apócrifo, más o menos olvidado en los círculos filosóficos. Sin embargo, los escritos de Land continuaron reverberando fuera de la academia, particularmente entre artistas y narradores, quienes acogieron su incendiaria resucitación de la filosofía y su desprecio por la sobriedad del pensamiento como si se tratara de un médium polémico, encontrando una fuente de inspiración en sus intentos por sumergir la teoría directamente en la vorágine de la modernidad capitalista.     


(…) Asqueado por las estupideces anestesiantes de la ortodoxia académica, y con el objetivo de expectorar los residuos de superstición teológica que afectaban al poskantismo predominante, Land se apoderó del materialismo trascendental de Deleuze y Guattari (mucho antes de su predecible castración institucional) y lo sometió a una despiadada optimización cibernética, extirpando todo resto de vitalismo bergsoniano para revelar un maquinismo desviado y profundamente tanatrópico. El resultado de esta cirugía reconstructiva proporciona la destilación más esclarecedora (pero quizá también la más inquietante) de lo que Deleuze llamó «empirismo trascendental». En la obra de Land, esto se convierte en la idea clave para una praxis experimental orientada hacia el contacto con lo desconocido. Land persiguió esta exterioridad, el caos impersonal y anónimo del tiempo absoluto, con la misma intensidad con que sus contemporáneos y herederos del kantismo, el hegelianismo, la deconstrucción y la teoría crítica se esforzaban por erradicarla.


(…) Al exponer un isomorfismo entre las estructuras del capitalismo y el modelo de la experiencia de Kant, Land dilucida la «crisis permanente» que impulsa los tortuosos vericuetos de la teoría kantiana sobre el concepto como si se tratara de una transmisión mal reconocida del «inconsciente» de «la metrópolis del Kapital global»,[ii] estimulada por la naturaleza paradójica de la «teoría de la experiencia» de Kant (la cuestión de cómo el objeto de la percepción se casa con las formas a priori de la experiencia para producir las «nuevas» cogniciones). (…) Allí donde «el afuera debe pasar por el camino del adentro»[iii] (correlacionismo), la huida prometida por el comercio desde la interioridad represiva del patrilinaje edípico queda recodificada como transgresión de la ley, volviendo trascendentes la interioridad y el familiarismo, y por tanto encerrando al deseo en circuitos aislados edípicamente que proporcionan el caldo de cultivo para la xenofobia fascista. La potencial disolución del parentesco a manos del comercio internacional terminó atrincherándose en la forma de naciones y «razas». Según Land, la modernidad neocolonialista es el legado de este fracaso, y su inevitable destino final −la cumbre insuperable de la civilización europea en tanto que despliegue de dicho compromiso fundacional con la correlación− es el Holocausto.


(…) El sublime kantiano da forma a la «escisión» entre animalidad y razón, que tiene lugar a partir de la «violencia» ejercida a manos de la razón sobre lo sensible para someterlo a la disciplina de la síntesis inhibida. (…) Y la constricción de esta facultad de inteligencia sintética (lo que Land llama «animalidad», o «astucia», o simplemente «inteligencia»), seguida inevitablemente por su patologización, constituye el fundamento de la razón (…).  Así, lo que se esconde tras el «juicio» kantiano sobre la razón pura es un sangriento golpe militar, una toma de poder, y la experiencia traumática de lo sublime en Kant viene a relevar el triunfo de la guerra total de la Razón contra el animal; pero su carácter excesivo, sin embargo, delata la naturaleza precaria de su ascendencia («Si la razón es tan segura, legítima y supersensible, ¿por qué todas esas armas?…»).[iv]


(…) Según la lectura de Land, el descubrimiento kantiano de lo trascendental es indisociable del reconocimiento de que la síntesis es primaria y productiva, y que toda síntesis une términos heterogéneos. Pero allí donde el idealismo kantiano buscaba confinar la síntesis exclusivamente al nivel de la representación, la posibilidad del materialismo trascendental habrá de irrumpir de forma involuntaria en Kant, en su teoría del genio, donde dicha síntesis debe ser reubicada dentro de la materialidad desconocida. El pensamiento, en tanto que capacidad exclusiva de la actividad sintética, deja de ser el coto privado del sujeto y se convierte en una actividad de la materia intensiva misma. No hay, por tanto, una diferencia real entre las síntesis como conjunciones empíricas al nivel de las experiencias, y las síntesis como conjunciones a priori del juicio y la experiencia al nivel de lo trascendental. Esta es la desestratificación fundamental que Land infligió al aparato kantiano. 


De este modo, un inconsciente impersonal y energético emerge como la problemática no reconocida de la filosofía occidental. No-agencial, despojado de la inteligibilidad intencional característica de la «voluntad» de Kant, y sin ningún reparo por el orden arquitectónico, este inconsciente trascendental es un campo de fuerza insurgente para cuya astucia (como Nietzsche descubrió) la «razón» en sí misma no es más que un instrumento. (…) La re-materialización libidinal que hace Land de la crítica kantiana viene a reconfigurar el cuestionamiento filosófico como una exploración cuyo vector de orientación va de lo conocido a lo desconocido, en lugar de lo desconocido a lo conocido («¿Y si el conocimiento no fuera más que una manera de ahondar en el desconocimiento?», se preguntaba Land en «Nietszche chamánico»).[v]


En consecuencia, en los ensayos de Fanged Noumena Land reprende tanto a la crítica como a la deconstrucción por su conservadurismo latente: su presunta radicalidad y sus críticas a la computación enmascaran una instrumentalización de la epojé (el abismo del desconocimiento, el enigma de la exterioridad) diseñada para perpetuar la dialéctica inagotable o différance del logos. Asimismo, con su cautela posmetafísica perpetúan el ideal socrático de la filosofía como una mera «preparación para la muerte», según la cual la filosofía se demora al borde de lo desconocido con la esperanza de domesticar este umbral como un habitus para el pensamiento.


(…) Quizá la idea de Nietzsche más importante para Land sea que, por sí solo, el carácter «inquietante y enigmático» del mundo es lo que impulsa el pensamiento hacia lo desconocido; pero, en Land, se trata de una incógnita que ya no es más un hiato o una laguna dentro del concepto, puesto que ahora denota la exterioridad no-idealizable de la materia entendida como diferencia real. «Materia» ya no es el nombre de una sustancia reconocible, sino una forma de cifrar lo desconocido. Y el «materialismo» ya no es un pretexto para la crítica, sino un vector de exploración. Por ello, el materialismo de Land, ya sea pesimista o dionisíaco, abandona el ideal apolíneo de alcanzar el orden o la reconciliación (o su aplazamiento interminable) para centrarse sólo en «causar problemas», complicar, perturbar, provocar e intensificar… En consecuencia, Land pretende enchufar la filosofía a la «precipitación indecente» del poeta/hombre-lobo/rata/genio, cuyo principio operativo es, como la plaga espiritual de Artaud, «epidémico más que hermenéutico». Como la flecha de Nietzsche, este transmitirá la epojé, el caos y las irrupciones del inconsciente energético en lugar de tratar de capitalizarlos; (…).


Como queda claro en textos como «Spirit and Teeth», la noción de animalidad en Land alberga bastante más que la mera regresión o el atavismo; como él dice, «la naturaleza no es lo primitivo ni lo simple», sino «el espacio de concurrencia o síntesis no planificada (…), erigido contra la esfera industrial del trabajo humano». La animalidad es sólo un marcador más para este «espacio complejo» o «terreno silvestre», un phylum intensivo que subyace tanto a la civilización como a la subversión, pero que sobre todo indica las vastas extensiones de lo desconocido, las cuales yacen fuera del alcance de cualquier correlación con lo ya conocido y que son accesibles únicamente mediante el escape.


Es importante señalar que Land no ignora las dificultades que acompañan a cualquier intento por salir de la metafísica y/o la filosofía. (…) Land retoma el desafío de Heidegger a la amputación epistemológica de la poesía, con su llamamiento a «dejar que la poesía hable por sí sola», pero lo subvierte con la sospecha de que el cuestionamiento onto-trascendental de Heidegger es una mera continuación de la antigua vigilancia de la polis sobre la locura dionisíaca, es decir, el comienzo de una reducción sistemática de la «locura» al estatus de categoría clínica y del «genio» al estatus de un rasgo individual y venerable. Para Land el intento de domesticar la sin-razón, la cosa del exterior, y de reducirla a una genealogía cultural constituye una sinécdoque de la agresssion pharmakographique; y el «delirio sin orígenes» de la locura dionisíaca está íntimamente relacionado con el «delirio de los orígenes» que inaugura el pensamiento occidental. 


(…) Por ello, en «Narcisismo y dispersión» la figura de la hermana en la poesía de Trakl ocupa el lugar que ocupaba la mujer en «Kant, el capital y la prohibición del incesto», en tanto figura que se niega a mediar en la línea patrilineal. Ella (el agente de un «campo de juego de energía insurreccional que traza su genealogía hacia la ur-catástrofe de la materia orgánica»)[vi] es quien abre el camino a una irrupción que excede los represivos grilletes de la reflexión (la rotura del espejo); un hecho que Land asociará con un tipo de pensamiento estratofísico.


La insistencia de Heidegger en el pensamiento reflexivo, al conceder una separación entre lo humano y la animalidad y entre materia y significado (…) resulta definitivamente colapsada por el orden «estratofísico», hecho de «fuerzas físicas impersonales e inconscientes». Este colapso constituye el pasaje «lunático», la «maldición», la «epidemia» o «plaga» trazada por la hermana en el poema de Trakl, desde el «interior claustrofóbico» de la «interioridad familiar» hacia el «espacio interminable», «conjugando la dinastía con una ilimitada alteridad». Es la «plaga» de la locura, la embriaguez de los poetas, la «erupción de lo patológico» que viene del afuera, desde el mismo inconsciente y las fuerzas impersonales simbolizadas por el derramamiento de las estrellas, que conducen allí donde tanto la crítica como la deconstrucción no pueden llegar, en la medida en que estas se niegan a pensar «estratofísicamente» y, enfrentadas a dicha reserva incontrolable de energía poética, tan sólo pueden limitarse a repetir los piadosos preceptos de Kant.


Land resuelve el «problema de la salida» (el problema de la exterioridad y su acceso o escape) al descubrir la estratificación (Stufen en Trakl) de la historia natural de la cultura, el estado y la conciencia. Un espacio que podría describirse mejor como un desierto o una selva de continuidad laberíntica, y que puede ser «leído» no a través de las herramientas de la interioridad y el dominio del concepto (ya que estos no son otra cosa que sus productos), sino a través de un «esquizoanálisis» que se compone de diversos elementos como la genealogía nietzscheana (la «historia salvaje»), la teoría freudiana del trauma y el propio esquizoanálisis de Deleuze y Guattari.


Tras haber diagnosticado la condición del artista-genio como canalizadora de la inteligencia maquínica e impersonal de la «materia base»; tras haber disecado el cuerpo de la crítica, extrayéndola de su permanente estado de crisis, y liberando sus facetas corrosivas de toda restricción, será esta estratofísica del «apilamiento» de secuencias intensivas lo que Land empleará en la búsqueda de aquello que ahora puede verse como una de sus problemáticas fundamentales, a saber: combinar la manera en que las desterritorializaciones del capitalismo continuamente militan contra la prisión de la subjetividad humana y la sociabilidad, con los intentos de «escape» (fallidos) de los artistas, en tanto ambos abren la perspectiva de ese espacio heterogéneo que subvierte el orden.


Sin embargo, Land evitará caer en el aparentemente inevitable colapso dentro del irracionalismo romántico, y lo hará mediante su atención a la naturaleza intrínsecamente numérica de dicho espacio. Land se dio cuenta muy pronto de que, a riesgo de caer en un relativismo empirista en última instancia inocuo, su ofensiva múltiple contra la razón, la verdad y la historia sólo podría ser adecuadamente ejecutada mediante el despliegue de un medio alternativo y trascendental, a través de una serie de prácticas numéricas contra-significantes. De hecho, la trayectoria teórica de Land podría verse como únicamente gobernada por esta tendencia fundamental: de la deconstrucción de la gramme (escritura) a la construcción del nomos (numeración). Su intento de atribuirle una valencia propiamente trascendental a las prácticas de numeración, interpretadas como regímenes contra-significantes, es equivalente a la elaboración de un anti-Logos.[vii] 


De este modo, aunque la obra de Land no está exenta de cierto irracionalismo romántico, lo cierto es que se resiste progresivamente a la simple reducción a ello, con una creciente urgencia (cuando no una obsesión) por desarrollar cada vez más un tema que ya se encontraba latente en sus primeros escritos: la posibilidad de un acercamiento a la «matematización» (o cuantificación teórica) abjurando de todo recurso a la identidad o la equivalencia. Así, retirándose del idealismo platónico que Land considera necesario para cualquier investigación sobre el ser del número, pasará a centrarse en cambio en las prácticas del cálculo en tanto que tecnologías. Por ello, los «números» de Land rechazan el logos y también son resueltamente no-matemáticos. Dado que Land considera que toda cultura represiva está basada en la identificación y la repetición de la mismidad (equivalencia), esta sería una tarea equiparable a la construcción de una cultura enteramente otra, (…). Land encontrará los indicios de dicha cultura-otra en aquellas prácticas que no pertenecen al conocimiento matemático sistematizado, sino al patrón de interferencia contingente que hay entre la animalidad humana y la «distribución anorgánica del número»: desde el vudú hasta los videojuegos, desde la arbitrariedad atroz del teclado Qwerty hasta la reprogramación rítmica que la música electrónica opera sobre el cuerpo mediante una combinación de fisicidad amplificada y desarticulación digitalmente habilitada. Entonces, la «irracionalidad» de las prácticas nómadas de numeración ya no puede atribuirse a la ausencia de razón. Antes bien, se convierte en el síntoma de una inteligencia extraña [alien] y profundamente «irrazonable», algo que se encuentra dentro de la cultura pero no es completamente atribuible a la agencia humana, subvirtiendo toda forma de organización racional (lo que para Land equivalía a una coartada para el despotismo) y acometiendo rediseños exploratorios de lo humano. Para Land, la distinción entre inteligencia y conocimiento es tan banal como la que existe entre la ciencia (en su sentido idealizado por la filosofía) y la ingeniería cultural exploratoria.


La elaboración de esta aritmética esquizofrénica [schizonumerics] no sería posible sin un factor que resultará clave para el siguiente giro en el pensamiento de Land: la intensificación de su comprensión del capitalismo por medio de sus lazos ficcionales con las posibilidades más extremas del tecnocapital. Es a través de las ficciones, o de lo que acabará llamándose «hipersticiones», como Land procede a desterritorializar y des-institucionalizar la «filosofía», convirtiéndola en un modo de producción de conceptos que disuelve la segregación institucional entre teoría académica y práctica cultural, y que subvierte la distinción entre la representación cognitiva y la especulación ficcional. En los textos anteriores a «Colapso», «Hypervirus» o «No Future»,[viii] los ataques de Land a los protocolos críticos de la filosofía todavía se mantenían en un registro reconocible, pero a partir de entonces pasarán a ser una destrucción total de las normas del discurso académico, escalando progresivamente hasta adoptar la forma «delirante» característica de ese período.


Esta fase de transición se corresponde con un «cambio» de prioridades en el trabajo de Land, que sin embargo está en consonancia con su promulgación anterior del materialismo trascendental como materialidad de la crítica (…) El resultado principal de esta conversión es que la crítica de la tecnologización es superada por la tecnologización de la crítica, o como dice el propio Land: «Ya no se trata de cómo pensar la técnica: la técnica piensa cada vez más por sí misma.»[ix] Donde antes la crítica filosófica se entendía como adelantándose a los problemas del tecnocapital, ahora el tecnocapital no es otra cosa que la automatización y la realización definitiva de la crítica, despojada de toda subjetividad filosófica. En consecuencia, la crítica de la representación se convierte en un anacronismo ocioso, para ser reemplazado por una tecnificación de la teoría donde la conceptualización es reinscrita dentro de la inmanencia de la mercantilización capitalista: «No hay una opción real entre una cibernética de la teoría y una teoría de la cibernética…»[x] El resultado es un ciclo de retroalimentación positiva en el que la teoría pasa a la práctica y viceversa, de acuerdo con un modo de producción de conceptos que participa directamente en la auto-construcción de lo real en cuanto que proceso primario, o «reproducción de producción». En consecuencia, la escritura de Land se ve obligada a abandonar el obsoleto modelo de crítica perpetuado por la filosofía, y a comprometerse, en retroalimentación positiva, con esta crítica efectivamente realizada y automatizada: la «crítica como escalada», como el «esbozo cultural de la erradicación de la ley o humanidad», y como «la elaboración teorética del proceso de mercantilización».[xi]


(…) La muerte como el grado cero de desterritorialización absoluta, como el cuerpo completo sin órganos de la tierra desterritorializada, es a la vez el límite último hacia el cual tiende la desinhibición de la síntesis y la recurrente vanguardia de su proceso de desterritorialización: tanto parte-máquina como motor. (…) A su vez, el impulso de desestratificación implica un ímpetu creciente hacia una mayor aceleración y una mayor intensificación. Si ya no se trata de «pensar en», sino más bien de observar una efectiva inteligencia alien en el proceso de hacerse real, entonces también se trata de participar de una manera tal que intensifique y acelere continuamente este proceso.


«Aceleración» e «intensificación» parecen ser dos de las nociones más complicadas en el pensamiento landiano. Land siempre ha repudiado el voluntarismo filosófico («Si hay lugares en los que tenemos prohibido adentrarnos, esto es así porque en verdad pueden ser alcanzados, o mejor dicho, porque estos pueden alcanzarnos a nosotros. La poesía es una invasión, no una expresión»),[xii] pero, al mismo tiempo, parece alimentar la voluntad romántica de «ir más allá». (…) Sin embargo, es precisamente en virtud de su estricta adhesión a una perspectiva estratoanalítica como Land puede establecer que la dinámica desestratificadora no es afectada por las restricciones económicas que sujetan a los sistemas organizativos y que las canalizan. Al aferrarse sin vacilar al hilo de la desestratificación absoluta, Land no está retornando a un paradigma dudosamente voluntarista de la transgresión, sino destacando aquello que es el elemento más indispensable a la vez que ineludible en cualquier estratografía general.


A medida que va afinando su escritura teórica con las tendencias excitatorias y especulativas del capitalismo, Land va ciñendo a su vez la malla del desmantelamiento capitalista de lo humano, así como las exploraciones artísticas de lo desconocido; es entonces cuando descubrirá una nueva figura para la espacialidad laberíntica y subterránea del reino estratofísico: el ciberespacio (…).


Una de las claves de la fascinación de Land por la obra de William Gibson es su concepción marcadamente corpórea del ciberespacio, algo que, si se entiende adecuadamente, está en oposición clara con el extropianismo espiritualista (ejemplificado por el optimismo californiano de la revista Wired) con el que Land fue asociado erróneamente en aquellos años. Incluso cuando Gibson utiliza el término despectivo «carne» [meat] para referirse al cuerpo, su visión del ciberespacio es más fisiofarmacológica que espiritualizante. Los personajes de Gibson no «escapan» de la realidad corporal, sino que su sentido de lo real resulta corroído por una equiparación del «espacio real» con el espacio hecho de información que habitan a diario, (…).


El trabajo de Land comienza a habitar así un ensamblaje teórico completamente autoconsistente, uno que pliega las extrapolaciones desenfrenadas de la teoría pop y la ciencia-ficción en un antisistema nuevo y coherente, y reescribiendo la historia de la filosofía como una empresa fallida destinada a controlar el futuro y seguir esclavizando la inteligencia al pasado, en su intento neurótico por obstruir la ruta hacia lo desconocido todavía por construir. (…) Land insiste en que el tiempo mismo es también una construcción (…) Y la auto-construcción del tiempo queda de manifiesto por medio de reenfocar la cibernética más allá de los sistemas de control de retroalimentación negativa, reorientándolos hacia procesos de retroalimentación positiva o «en desenfreno», que tradicionalmente se habían entendido como meras excepciones patológicas que no llevan a ninguna parte, pero que Land ahora superpone con el vector de la crítica del capitalismo, en concordancia con la idea de que «la cibernética es la realidad de la crítica».[xiii] Una revelación que culmina en la famosa afirmación de Land (a la vez apocalíptica, performativa y exagerada) sobre las fases de compresión de la modernidad (…), las cuales constituirían un circuito global de interexcitación «ciberpositiva» que alcanza un punto de densidad infinita en 2012.[xiv]


El mapeo del espacio estratográfico abre nuevas vías de investigación (por ejemplo en textos como «Introducción a la Qwernómica»)[xv] que desembocan en los efectos palpables y empíricos de la cultura, (…). Los distintos tipos de «culturas abstractas» presentes en los juegos, los ritmos, los sistemas calendáricos, etc, se convierten en objeto de un intento deliberado de insurrección microcultural a través del cálculo, como se veía en las espirales «hipersticionales» del CCRU y los diagramas «qwertipológicos», que finalmente van a parar al puro rastreo cabalístico de «coincidencias» de código. En última instancia, no se trata sólo de concebir sino de practicar nuevas formas de pensar (…). De forma importante, esto permitirá a Land diagnosticar los males del «posmodernismo» (…) de un modo que difiere de las interpretaciones predominantemente semánticas de sus contemporáneos, así como proponer una alternativa intelectual rigurosa que no implique volver a un dogmatismo ilustrado.


(…) Donde la obra de Land había empezado con la esperanza de que podría desbloquearse el «desastre de la historia del mundo» (un mundo «capaz de suicidarse sin apenas darse cuenta», en palabras de Artaud), así como la represión que constituye a la «historia social» (y que alcanza su punto de mayor tensión en el compromiso volátil de la modernidad con la tradición), en sus obras posteriores se observa mordazmente que el desastre ya está presente en los planetas, las células y los cuerpos, y que la tarea revolucionaria no es por tanto únicamente de alcance terrestre sino también cósmico. (…) Partiendo de la caracterización inicial de la tarea revolucionaria como una manera de empujar al capitalismo hasta el punto de su autodisolución a través de la completa des-inhibición de la síntesis productiva (una disolución que anuncia la convergencia entre producción social y esquizofrenia proclamada en El Anti Edipo), llegamos a la postrera admisión de que no hay un «más allá» previsible para la expansión «infinita» del capitalismo (ya que el capitalismo como tal es «sin-más allá»). (…) Cualquier sorpresa en la transición que va desde los «escritos filosóficos» de Land hasta el empleo de su todavía rigurosa escritura posgéneros y al servicio del hype capitalista, podría simplemente indicar la incapacidad para asumir que Land realmente quería decir lo que dijo: que la escritura no era más que una máquina para la intensificación. De hecho, si se puede identificar un cambio irrevocable en las «tácticas de intensificación» de Land, lo que resulta crucial es que esto sólo tuvo lugar una vez logró romper sus propias ilusiones de que dicha intensificación podría, «prematuramente», por así decirlo, destruir las ataduras de la estratificación cósmica.


(…) La exhaustiva denuncia de Land contra el «miserabilismo trascendental», así como la aparente degeneración de su disección otrora quirúrgica del cuerpo del capitalismo para adentrarse en tendencias esquizofrenizantes y represivas, podría parecer que disuelven las complejidades de su obra en una superlativa versión cósmica de la conocida narrativa neoliberal según la cual «no hay alternativa», junto a la identificación al por mayor del capitalismo con la vida, el crecimiento y la historia. Pero este veredicto sólo es posible tras la desaparición del último vestigio de «optimismo dionisíaco»; tras el abandono de la idea de que el compromiso experimental con las prácticas numéricas, el vudú y la música electrónica, etc, podría de alguna manera propiciar un acceso a las energías insurreccionales que operan en el núcleo intenso del capitalismo, más allá de cualquier participación mundana en la realidad capitalista.  


En la evaluación de la realidad maquínica de un esquizocapitalismo en proceso de penetrar y colonizar los recovecos más recónditos de la subjetividad humana, Land expuso el carácter fatalmente anacrónico de la concepción metafísica de la agencia humana, (…) Y nadie podría acusar al mismo Land de no haber llevado este proyecto todo lo lejos que es posible: hasta la verdadera locura, y de vuelta a una aparente banalidad que sin embargo aún mantiene su locura subyacente −sólo que ahora sabe que no es voluntariamente accesible (o acelerable)−. El pseudo-relato «Un chiste de mal gusto»[xvi] constituía un testimonio o un análisis posmortem de este proyecto sobre el empirismo trascendental, revelando que la última esperanza de Land para la humanidad (a saber: que esta es algo de lo que se debería escapar) así como su mayor apuesta por la vida (entendida como un medio de acceder al Tánatos) estaban destinados a fracasar. (…) Como si se tratara de los harapos y los andrajos de los poetas visionarios cuyas obras rastreó en busca de pistas, el legado de los experimentos de Land incluye contribuciones al diagnóstico de lo cósmico, lo biológico, la genealogía y la naturaleza evolutiva y cultural del ser humano; incursiones en el pensamiento numérico que exceden en amplitud y profundidad cualquier «filosofía de las matemáticas» conocida; un sofisticado y contemporáneo pensamiento filosófico del tiempo y la modernidad; y sobre todo una serie de máquinas-textuales cuyo poder embriagador y extrañamente sugerente recupera linajes olvidados, suprimidos o alternativos en un clima social y cultural caracterizado por la sobriedad neoclásica, realizando estimulantes superposiciones, e inspirando a otros para proseguir los experimentos, en la tarea de lanzar nuevos asaltos contra el Sistema de Seguridad Humana.






Notas

[i] Nick Land, Fanged Noumena Vol. 1, Barcelona, Holobionte, 2019, p. 68.

[ii] Ibíd, p. 32.

[iii] Ibíd, p. 54. 

[iv] Nick Land, «Arte e insurrección», de próxima aparición en Fanged Noumena Vol. 2.  

[v] Nick Land, «Nietzsche chamánico», de próxima aparición en Fanged Noumena Vol. 2.  

[vi] Nick Land, «Narcisismo y dispersión», de próxima aparición en Fanged Noumena Vol. 2.  

[vii] Cfr. «Mecanómicas», «Tic Talk», «Cábala 101», de próxima aparición en Fanged Noumena Vol. 2.   

[viii] Nick Land, Fanged Noumena Vol. 1, Op. cit.

[ix] Ibíd., p. 94.  

[x] Ibíd., p. 95.

[xi] Ibíd., p. 56.

[xii] Nick Land, «Nietzsche chamánico», de próxima aparición en Fanged Noumena Vol. 2.  

[xiii] Nick Land, Fanged Noumena Vol. 1, Op. cit., p. 100.  

[xiv] Ibíd, pp. 73-88.

[xv] De próxima aparición en Fanged Noumena Vol. 2.  

[xvi] Nick Land, Fanged Noumena Vol. 1, Op. cit., pp. 265-269.

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