la filósofa más radical. volviendo al ciberfeminismo de sadie plant (parte 1)

POR vincent lê

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Lynn Hershman Leeson, 'Twisted", The New Museum, 2021

En la situación sociocultural actual, con el aumento de la automatización y otras tecnologías de vanguardia, y con el regreso de los valores patriarcales tradicionales —como por ejemplo los relacionados con la extrema derecha y la estela de seguidores de Donald Trump—,[1] parecería que es el momento adecuado para reconsiderar lo que una filosofía específicamente ciberfeminista tiene para ofrecernos. Mientras que La dieléctica del sexo de Shulamith Firestone (1970) y el Manifiesto para cyborgs de Donna Haraway (1985) fueron importantes precursores para cualquier interpretación que aborde las conexiones entre mujeres y tecnología, el ciberfeminismo propiamente dicho fue acuñado de manera simultánea en 1991 por las artistas australianas VNS Matrix y por la filósofa británica Sadie Plant. Para cuando Old Boys Network organizó la Primera Internacional Ciberfeminista en 1997, en Hamburgo, el término ya gozaba de un halo de misterio que rivalizaría con el noúmeno kantiano o con la muerte de Jeffrey Epstein. Como se apuntó en las actas de aquellas conferencias: «El ciberfeminismo es muchas cosas para muchas personas, y nosotras no vamos a darle una definición concisa aquí.» En ese momento, lo más parecido a una definición fueron las «100 anti-tesis» de Old Boys Network, en las que, como si se tratara de una teología negativa, todavía se definía el ciberfeminismo en términos de lo que no es:   

1. El ciberfeminismo no es una fragancia.

2. El ciberfeminismo no es una declaración de moda.

3. El ciberfeminismo no es solitario.

4. El ciberfeminismo no es una ideología.

5. El ciberfeminismo no es asexual.

6. El ciberfeminismo no es aburrido… [2]

Como señaló Caroline Bassett, el ciberfeminismo plantea más preguntas de las que responde, y la principal de ellas consiste en saber si se trata de un feminismo que las mujeres puedan adoptar y practicar, o bien es una teoría sobre cómo la tecnología estaría emancipando a las mujeres sin que ellas tengan ninguna participación real en el proceso.

«Esta incertidumbre abre ciertas cuestiones sobre el ciberfeminismo, y de manera crucial la siguiente: ¿Se trata de una política o de una tecnología? ¿Se refiere Plant a una posible respuesta feminista a la informatización, o más bien está constatando/prediciendo una alteración tecnológicamente determinada en la condición de las mujeres? Una alteración que la mujer debería aceptar porque es un cambio a su favor, pero sobre la cual puede hacer muy poco[3]

 

De forma similar, Alex Galloway concluía que:

 

«A pesar del reconocimiento internacional, el ciberfeminismo sigue siendo un marco teórico altamente problemático. Nadie sabe muy bien lo que significa.»[4]

Es curioso que casi todos los análisis sobre ciberfeminismo restaran importancia, rechazasen de plano o simplemente ignorasen la formulación original de Sadie Plant, que hasta hoy sigue siendo la más rigurosa teóricamente. A menudo, la mera mención de su nombre era suficiente para incitar una oleada de invectivas muy poco académicas en lugar de argumentos sólidos y objeciones razonadas, como ocurría en «Cyberdrivel» [cibertonterías] de Mike Peter (1995), o «A World of Cybertwits» [un mundo de cibertuits] de Noel Thompson (1997), cuyos títulos hablan por sí solos.[5] Ya en la Primera Internacional Ciberfeminista, Cornelia Sollfrank proponía ignorar por completo tanto la definición del ciberfeminismo de Sadie Plant como la de VNS Matrix, y adoptar el término para describir un marco feminista completamente diferente: «Sadie Plant y VNS Matrix, gracias por el término, pero me temo que tendré que pasar por alto el contenido en este punto. Estoy segura de que lo comprenderéis.»[6] Para cuando se publicó la primera gran antología de ensayos sobre ciberfeminismo en 1999, Cyberfeminism: Connectivity, Critique and Creativity, Plant apenas era mencionada excepto para espetarle que, «mediante una serie de encuentros acríticos con el cibermundo real (…), apenas logra hacer unos pocos gestos en dirección a la política», y que «los enfoques libertarios como los propugnados por Sadie Plant sólo sirven a los privilegiados».[7] Por su parte, las editoras de la antología Domain Errors! Cyberfeminist Practices (2002) distinguían entre «una ola inicial [de ciberfeminismo] que celebraba las afinidades innatas entre mujeres y máquinas, y una segunda ola más crítica», centrándose únicamente en esta última y descuidando así el trabajo pionero de Plant.[8] En la misma línea, el libro de Sarah Kember Cyberfeminism and Artificial Life (2003) sólo mencionaba a Plant para desestimar su propuesta supuestamente obsoleta de «apocalipticismo y esencialismo biológico determinados tecnológicamente».[9] Y en el call for papers para el monográfico Cyberfeminism: Next Protocols (2004) de Old Boys Network se decía:

«Si no se respaldan los conceptos ideales y finales de la historia (en las ideas ciberfeministas) siempre habrá la posibilidad de que se produzcan afirmaciones como esta: «A medida que las máquinas se vuelven más autónomas, también lo hacen las mujeres.» O: «No es algo que esté sucediendo porque la gente se empeñe en que así sea, y ni siquiera porque la política feminista esté impulsando estos cambios (…); sin embargo, los cambios están ocurriendo, casi como un proceso automático.» Entonces, es maravillosamente fácil: ¡es un proceso automático!»

En la introducción de Cyberfeminism 2.0 (2012), Radhika Gajjala y Yeon Ju Oh llegaron incluso más lejos, adoptando la peculiar afirmación de que el ciberfeminismo «fue inventado en 1997, cuando Faith Wilding y Critical Art Ensemble lo definieron como “una nueva y prometedora ola de pensamiento y práctica” surgida de la creciente presencia de las mujeres en internet».[10] Quizá Heike Munder tuviera razón, en el más reciente Producing Futures: A Book on Post-Cyber-Feminism (2019), cuando describía la segunda ola del ciberfeminismo como un «post-ciberfeminismo», ante «la incómoda certeza de que la evolución del ecosistema virtual se ha desviado del camino que habían imaginado».[11] En definitiva, de lo poco que se escribe sobre el ciberfeminismo de Sadie Plant, a menudo se desprende un repudio completo, cuando no insultos u objeciones pasajeras en favor de un uso radicalmente diferente del término. Como si Plant hubiera sido alguien más temible que un superpropagador del covid-19.

 

 

Con todo, en los últimos años se ha producido un resurgimiento del interés (en ocasiones enérgico) por la obra de Plant, si bien casi siempre por fuera de los canales académicos oficiales y en los rincones oscuros del ciberespacio. Aun así, incluso quienes reivindican su obra se diría que tienden a recurrir a ella en la búsqueda de sus propios proyectos (como en el caso del xenofeminismo y el aceleracionismo de género).[12] Por todo ello, en este artículo esbozaremos una introducción crítica y basada en una lectura rigurosa del ciberfeminismo de Sadie Plant.  

 

 

A primera vista, esto puede parecer contradictorio dada la conocida desconfianza de Plant hacia el personalismo o los méritos individuales. Ella diría que son los procesos inhumanos los que realmente dirigen nuestras vidas, sin que tengamos mucho que hacer al respecto. Y, como declaró en una entrevista: «Seguir hablando de individuos específicos como si se tratara de héroes es cosa del pasado.»[13] Pese a esto, estoy convencido de que sólo podemos volver a deshumanizar al ciberfeminismo (de sus muchas apropiaciones humanistas) por medio de centrarnos, precisamente, en la versión de los hechos ofrecida por la propia Plant. Asimismo, adhiriéndome al espíritu plantiano de rechazar las explicaciones biográficas, me limitaré a proporcionar sólo algunos hechos esenciales.

 

 

Hija de un ingeniero mecánico y una secretaria, Plant creció en Birmingham y terminó su doctorado sobre los situacionistas en 1989 en la Universidad de Manchester, y estuvo muy involucrada en los conocidos cultos neodionisíacos de aquella ciudad, más conocidos como «escena rave». Después de publicar en 1992 su primer libro, El gesto más radical: La Internacional Situacionista en una época posmoderna, consiguió un puesto en la Universidad de Birmingham, donde empezó a interesarse cada vez más por la historia (a menudo oculta) de la relación entre mujeres y máquinas. Finalmente se trasladó a Warwick, donde ayudó a establecer la famosa Unidad de Investigación de Cultura Cibernética (CCRU), antes de retirarse de la academia dos años después y publicar su obra más conocida, Ceros y unos: Mujeres digitales + la nueva tecnocultura (1997). Después de eso publicaría otro libro, Escrito con drogas (1999), antes de comenzar una etapa como freelance y traductora, firmando catálogos de arte y artículos para medios como el Financial Times, Wired, Blueprint y Dazed and Confused, e incluso un encargo de Motorola sobre los efectos sociales de los teléfonos móviles.

Si bien hay muchas cosas interesantes en los escritos posteriores de Plant, vamos a centrarnos en el giro que va desde su postura situacionista de los primeros años hasta su filosofía ciberfeminista madura. En suma los primeros trabajos de Plant perseguían una forma de crítica (lo que ella llamaba «el gesto más radical») que no pueda ser reapropiada por las estructuras de poder, como ha ocurrido tantas veces en el pasado. En segundo lugar, quiero señalar que su giro ciberfeminista está motivado por el descubrimiento de que las máquinas, cada vez más autónomas y autoorganizantes, estaban empezando a crear un espacio fuera del espectáculo humano y ajeno a nuestros erróneos enfoques antropocéntricos. Si Plant caracteriza su crítica maquínica madura como un feminismo, es porque ve máquinas cada vez más inteligentes que albergan los mismos atributos que a menudo estuvieron asociados con las mujeres: porque tanto las mujeres como las máquinas han sido concebidas históricamente como un medio para los fines del hombre, un medio desprovisto de agencia racional, identidad substancial o incluso humanidad propia. Como veremos, entonces, el ciberfeminismo de Plant no trata tanto de emancipar a las mujeres sino de emancipar ciertas estructuras tradicionalmente concebidas como femeninas —tales como la irracionalidad, la identidad fluida, la inteligencia general e incluso la inhumanidad, y que para Plant se encuentran encarnadas en las tecnologías emergentes a medida que estas escapan del control del hombre, en lo que equivaldría a un feminismo «irresponsable» o incluso un feminismo sin mujeres

las raíces situacionistas de la joven plant

Desde su tesis de doctorado (Critique and Recuperation in Twentieth Century Philosophical Discourse) hasta su primer libro de 1992, el trabajo de Plant se centra en oponerse a la reapropiación del pensamiento crítico por parte de las estructuras de poder. Con este fin, Plant ofrece un diagnóstico detallado de cuál fue el destino de la crítica radical de los situacionistas a manos del posmodernismo y el postestructuralismo. Por un lado, los situacionistas se basaban en la crítica marxista de la ideología; según esta, la clase dominante estaría alienándonos de nuestro verdadero destino histórico por medio de la absolutización del capitalismo, es decir, presentándolo como el fin último de la historia en un espectáculo congelado de producción y consumo. Tanto para los marxistas clásicos como para los situacionistas, por tanto, el papel de la crítica sería exponer el capitalismo como un modo de producción meramente histórico y contingente, en contraposición a cualquier cosa natural e inexorable, y confrontar la imagen narcisista que el capitalismo ofrece de sí mismo a la manera de un Dorian Gray (con su propio retrato podrido de decadencia).

«Todas las teorías marxistas consideran que esta negación debe ser siempre la de la totalidad. A medida que avanza, la crítica debe hallar un punto de negación a partir del cual la totalidad puede pensarse como un arreglo contingente, y no como un hecho que damos por sentado. Es la comprensión dialéctica de la historia lo que proporciona este punto a la crítica marxista[14]   

Por otro lado, los situacionistas se basaban en la convicción de los dadaístas y los surrealistas de que el arte modernista de vanguardia era capaz de expresar deseos inconscientes que aún no han sido plenamente apropiados y mercantilizados por el mercado. «El arte, por tanto, representa un ámbito desde el cual la realidad puede ser reevaluada y criticada. Además, este ámbito se basa en la realidad de la imaginación, la fantasía y el deseo humanos. Esto permitió a Marcuse considerar el arte como la negación intrínseca de la realidad alienada de la sociedad unidimensional.»[15] Tanto los dadaístas como los surrealistas solían hacer collages y poemas en forma de cut-up, a partir de periódicos y otros medios populares, con el fin de exponer la arbitrariedad y la forma contingente con que se presentan las imágenes y textos, despojándolos así de cualquier pretensión legítima de monopolizar la verdad absoluta. El mito burgués de la agencia individual, ejemplificado por el genio artístico y solitario, también resultaba socavado por el uso de objetos prefabricados o encontrados, prácticas de dibujo automático y paseos psicogeográficos sin destino, todo lo cual eludía el control consciente de los individuos involucrados. Y, en lo que respecta a su écriture automatique, los dadaístas y surrealistas ya eran más máquinas que hombres. No resulta sorprendente, por tanto, que la Plant madura continuase empleando prácticas automáticas y técnicas de cut-up, particularmente en sus colaboraciones con el grupo CCRU, para sus propios fines ciberfeministas.


Combinando la crítica marxista de la ideología con dichas prácticas y vanguardias artísticas, la Internacional Situacionista buscaba construir espacios de resistencia fuera del espectáculo capitalista, donde su aura de eternidad podría mostrarse como mortal y finita. Como decía una viñeta situacionista (de la que Plant tomó el título de su primer libro), la IS estaba especialmente preocupada por cómo «la autoridad intenta apropiarse incluso del gesto más radical». (…) 

«Los situacionistas vieron con claridad que la principal fuerza del espectáculo es su capacidad para mercantilizar cualquier cosa. Si la insatisfacción y el disentimiento pueden comercializarse y consumirse como bienes materiales, seguramente cualquier cosa que surja en el espectáculo, por muy hostil que sea, puede convertirse en un refuerzo para él. Los situacionistas identificaron esta capacidad de apropiación como esencial para la supervivencia del capitalismo, ya que con esta se anula la posibilidad misma de contradicción, negación u oposición.»  [16]

Un ejemplo de apropiación de la resistencia pudo verse el 4 de junio de 2020, durante el Black Out Tuesday, cuando las grandes corporaciones Apple, MTV y Spotify bloquearon su programación durante 8 minutos y 46 segundos para protestar por el asesinato de George Floyd —que tuvo exactamente esa duración—, al mismo tiempo que los usuarios de Facebook e Instagram publicaban masivamente la misma imagen de un cuadrado negro con el hashtag #blackouttuesday.[17] Este gesto de virtud virtual no sólo le dio publicidad gratuita a dichas megacorporaciones, sino que hizo que sus usuarios se sintieran mejor consigo mismos en ausencia de un cambio sustancial en el sistema de justicia; significó que los verdaderos activistas, al tratar de buscar información entre las protestas callejeras, se encontraran con una pared opaca de cuadrados negros cada vez que aparecía el hashtag #blackouttuesday. Después de la pandemia, y a medida que el bloqueo de la economía global obligaba a que una gran parte de nuestras vidas se desarrollara a través de plataformas on-line como Zoom, e incluso que nuestros movimientos en el espacio físico fueran monitorizados mediante escaneos QR y apps de rastreo de contactos, no sólo nuestra resistencia sino también la vida cotidiana se han convertido en Big Data para ser vendido a las compañías de publicidad. Plant a finales de los noventa, y los situacionistas a finales de los sesenta ya criticaban lo que Shoshana Zuboff ha llamado recientemente «capitalismo de vigilancia», un «nuevo orden económico que reivindica la experiencia humana como materia prima gratuita destinada a usos comerciales ocultos de extracción, predicción y ventas».[18] Como ya ocurriera con el Cuadrado negro de Malévich, ahora espectacularmente exhibido en el museo Pompidou, las repeticiones se suceden abismalmente como esos cuadrados negros que la empresa de recopilación de Big Data conocida como Instagram difundió durante las protestas de Black Lives Matter. La crítica y su apropiación ahora son totalmente simultáneas. Con toda la resistencia convertida en Big Data, el espectáculo es ahora tan completo que incluso hay una generación de zoomers que lleva su nombre. Ahora todos somos Kendall Jenner vendiendo Pepsi en el mitin de BLM. (…)

Para los situacionistas, el momento de un détournement generalizado y revolucionario finalmente parecía cercano durante el Mayo del 68, pero para junio de ese mismo año el rebelde proletariado francés ya había sido persuadido para regresar al trabajo mediante la promesa de reformas y unas elecciones, en las cuales el partido gaullista por la Defensa de la República consiguió una mayoría todavía más amplia. Si bien gran parte de la sociedad francesa continuó rebelándose hasta bien entrada la década siguiente, para 1981 la izquierda fue persuadida aún más para resolver pacíficamente las cosas a través de las urnas, cuando el candidato a la presidencia del partido socialista François Mitterrand se comprometió a hacer reformas radicales. Apenas dos años después de ser elegido, sin embargo, Mitterrand le dio la espalda a la izquierda para implementar políticas económicas neoliberales y medidas de austeridad. Así fue como las técnicas subversivas de los dadaístas y el détournement de los situacionistas fueron recuperados para ser reducidos a la MTV, el arte pop y otras modas posmo inofensivas. (…) En la siguiente sección veremos cómo la Plant madura todavía se basaba en el détournement de los situacionistas, aunque en su caso fuera para atestiguar el shock del futuro y el espectáculo de la innovación tecnológica escapando del control humano…    

Notas

 

[1] No por casualidad, Carl Benedikt Frey sugirió no hace mucho que este tipo de tecnologías de vanguardia, como la automatización, podrían estar provocando el aumento de los movimientos populistas, incluido el deseo de volver a los valores tradicionales, como si se tratara de un pánico hacia la fembot asesina de Terminator 3. Véase C.B. Frey, The Technology Trap: Capital, Labor and Power in the Age of Automation, Princeton, Princeton University Press, 2019.
 

[2] Old Boys Network, «100 anti-tesis», Ciberfeminismo: De VNS Matrix a Laboria Cuboniks, Remedios Zafra y Teresa López-Pellisa, Holobionte, 2019.

 

[3] Caroline Bassett, ‘Cyberfeminism SPCL—with a little help from our (new) friends?’, Mute 1, 8, 1997.

 

[4] Alex Galloway, ‘A Report on Cyberfeminism: Sadie Plant Relative to VNS Matrix’, 1998: <http://web.archive.org/web/20021018185708/http://switch.sjsu.edu/web/v4n1/alex.html>

 

[5] Mike Peters, ‘Cyberdrivel’, Here and Now 16/17, 1995/6, pp. 24-30; Noel Thompson, ‘A World of Cybertwits’, Financial Times, 25/10/1997.

 

[6] Cornelia Sollfrank, ‘The Final Truth About Cyberfeminism: Net Working, Knot Working, Not Working?’, en Cyberfeminist International Reader, p. 113.

 

[7] Susan Hawthorne y Renate Klein, ‘Introduction: Cyberfeminism’, Hawthorne y Klein, eds., Cyberfeminism: Connectivity, Critique and Creativity, Melbourne, Spinifex Press, 1999, eBook.

 

[8] María Fernández, Faith Wilding y Michelle M. Wright, eds., ‘Situating Cyberfeminisms’, Domain Errors! Cyberfeminist Practices, Nueva York, Autonomedia and SubRosa, 2002, p. 22.

 

[9] Sarah Kember, Cyberfeminism and Artificial Life, London, Routledge, 2003, pp. 177-8.

 

[10] Radhika Gajjala y Yeon Ju Oh, ‘Cyberfeminism 2.0: Where Have All the Cyberfeminists Gone?’, en Cyberfeminism 2.0, Oxford, Peter Lang, 2012, p. 1.

 

[11] Heike Munder, ‘Producing Futures—An Exhibition on Post-Cyber-Feminism’, Producing Futures: A Book on Post-Cyber-Feminism, Zürich, Migros Museum für Gegenwartskunst y JRP, 2019, p. 9.

 

[12] Véase Laboria Cuboniks, ‘The Xenofeminist Manifesto’, y N1x, ‘Gender Acceleration: A Blackpaper’. 

 

[13] Citado en Ann Treneman, ‘Interview: Sadie Plant: It Girl for the 21st Century’, The Independent, 11/10/1997: <https://www.independent.co.uk/life-style/interview-sadieplant-it-girl-for-the-21st-century-235380.html.>

 

[14] Sadie Plant, Critique and Recuperation in Twentieth Century Philosophical Discourse, PhD diss., Manchester, University of Manchester, 1989.

 

[15] Ibíd., p. 151.

 

[16] Plant, Critique…, pp. 48-9. 

 

[17] James Vincent, ‘Blackout Tuesday posts are drowning out vital information shared under the BLM hashtag’, The Verge, 02/06/2020: <https://www.theverge.com/2020/6/2/21277852/blackout-tuesday-posts-hiding-information-blm-blacklives-matter-hashtag>

 

[18] Shoshana Zuboff, The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power, Public Affairs, Nueva York, 2019, ebook.

  

«The Most Radical Philosopher: Puting the Cyber Back in Sadie Plant’s Cyberfeminism», de Vincent Lê, fue originalmente publicado en Cosmos and History: The Journal of Natural and Social Philosophy, vol. 18, n. 2, 2022. 
 

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