LA «PILA» Y EL USUARIO POST-HUMANO: ENTREVISTA A BENJAMIN BRATTON (PARTE 1)
POR KLAAS KUITENBROUWER
KLAAS KUITENBROUWER: ¿Qué es la Pila? ¿Es algo existente o se trata de un concepto especulativo?
BENJAMIN BRATTON: Ambas cosas. Por un lado, es un nombre para la megaestructura (accidental) de computación a escala planetaria; y por el otro, es una forma de ver esa megaestructura como una metatecnología singular. En lugar de ver los distintos tipos de computación como un montón de especies diferentes moviéndose cada una por su lado (las redes inteligentes, la nube, las interfaces de nueva generación, los sistemas de direccionamiento o la IA robótica), podemos entenderlas como parte de un gran armazón compuesto que, en forma y contenido, no es muy distinto de las pilas [stacks] de software y hardware como OSI y TCP-IP. Hay capas modulares en la Pila, cada una con un papel específico, y cada una es a la vez independiente e interdependiente en relación con las demás capas. Creo que resulta útil pensar desde esta totalidad, y ello permitiría la posibilidad de diseñar y rediseñar dicha infraestructura. Y no es tan solo una cuestión de ingeniería, ya que la computación es hoy en día la forma y el contenido a través de los cuales organizamos nuestras ideas, nuestras economías y nuestras culturas. De manera que no es solo una forma de funcionamiento de la gobernanza, sino que se ha convertido en la gobernanza misma.
K.K.: Si la Pila surgió de manera accidental, y se ha convertido en la propia gobernanza, ¿cómo puede ser «diseñable»?
B.B.: El hecho de que haya emergido de manera accidental no significa que nuestra forma de responder a ella tenga que ser igualmente accidental. Además, la Pila no ha caído de Marte, sino que es el resultado de un conjunto de iniciativas que parecen estar un poco más coordinadas de lo que pensábamos. Enfocarlo como un todo nos permite ser un poco más conscientes sobre su futuro.
K.K.: Si se trata de una entidad vasta y enormemente compleja, y si se gobierna a sí misma, ¿sugiere esto que es inimaginable? Esto parece implicar que estamos dentro de ella, en lugar de mirarla desde fuera. ¿Cómo permitiría eso un enfoque de diseño o ingeniería?
B.B.: La forma en que podemos adentrarnos en esto, o la forma en que el diseño puede trabajar con esto desde el interior (porque estamos dentro de esto) es conceptualizándolo a través de una imagen de totalidad, pero no necesariamente diseñándolo todo a la vez. No hay que hervir el océano para hacer un movimiento. Parte de la lógica de los sistemas apilados, en general, es que cualquier cosa que funcione en una capa puede ser sustituida por un mecanismo completamente distinto siempre que se comunique protocolo-lógicamente con la capa superior e inferior. Los sistemas apilados están diseñados para ser rediseñados. Es como la paradoja del Barco de Teseo: cada pieza de madera o metal se sustituye con el tiempo y, sin embargo, el barco sigue siendo el mismo, ocupa el mismo espacio, metafísicamente hablando. Así funcionan también los sistemas apilados. A lo largo de las próximas décadas podrán sustituirse casi todos los componentes de este mecanismo y, aun así, el diagrama permanecerá.
En parte, el impulso original de mi libro The Stack [La Pila] consistía en examinar el modo en que la computación a escala planetaria ha deformado la geografía política del sistema estatal de Westfalia (es decir, la coherencia del estado nación moderno). Así, en lugar de entender el plano sobre el que funcionaría la subdivisión de la tierra como una especie de capa horizontal, subdividida en segmentos sobre la tierra, lo que vemos es que los verdaderos desafíos a las reivindicaciones soberanas se dan en forma de capas. Es una cuestión de soberanías múltiples, algunas privadas, otras públicas, algunas estatales, otras de plataforma o de mercado. Todas empujando en una dirección según su propia lógica soberana, y superponiéndose unas sobre otras. Y esta superposición implica cierta verticalidad. Necesitamos encontrar un modelo conceptual con el cual comprender esa verticalidad y esa superposición que funcionan no como la excepción a la regla, ni como una especie de espacio pirata, sino como «la nueva normalidad». Lo necesitamos para poder abordarlo como la nueva normalidad sin escandalizarnos eternamente por su funcionamiento. Necesitamos enfatizar las fricciones que ocasionan estas capas superpuestas. La Pila funciona no sólo como una pieza de tecnología, sino como una pieza de geografía: como una forma de cartografiar jurisdicciones y soberanías.
K.K.: ¿Significa esto que el Estado westfaliano occidental ya no es la norma? ¿O forma parte de la nueva norma?
B.B.: Esta no es una historia sobre la desaparición del Estado. Todo lo contrario. Del mismo modo que las plataformas en la nube (Google, Facebook y otras) empiezan a asumir cada vez más servicios y funciones que antes prestaba el Estado (cartografía, moneda, identidad jurídica, llegando incluso al patriotismo de marca, etc), son los propios Estados los que evolucionan ahora hacia plataformas en la nube.
K.K.: ¿Dónde está entonces la fricción?
B.B.: Estas transposiciones no siempre son simétricas. Dan lugar a múltiples formas de fricción. Podemos verlo, por ejemplo, en el conflicto Google-China. No sabemos cómo encajar las nuevas capacidades de vigilancia de los Estados, y nos escandalizamos por tales cosas. Se podría argumentar que la historia de los Estados es una historia de lo que los Estados son tecnológicamente capaces de ver en cualquier momento histórico. Y la nube permite al Estado ver cosas que antes no podía. No debería sorprendernos que el Estado se adelante para llenar ese espacio. Así que, cuando observamos el papel de la nube en China o en Estados Unidos, o en cualquier otro lugar, lejos de que el Estado se esté evaporando de alguna manera, en muchos aspectos se está refortificando, pero de maneras que lo convierten en algo muy diferente de lo que era antes.
K.K.: De manera que se pueden rediseñar partes de la Pila para que hagan cosas nuevas, cosas que antes no hacían. De acuerdo. Pero aun así, el sistema permanece estable: no importa con qué lo sustituyas, siempre seguirá siendo la Pila, ¿cierto?
B.B.: Exacto. Lo que vemos es que en cualquier momento muchas cosas diferentes ocupan cualquier capa. Podemos ver cómo diferentes plataformas podrían tener no sólo un modelo de negocio diferente, sino también un modelo político diferente para lo que podría ser la polis de la nube. Facebook modela la polis de la nube a partir de la cosificación de la autoexposición del sujeto. Google modela la polis sobre la racionalización de las estructuras de información y la razón algorítmica. Apple modela la polis a partir de la dictadura benévola de las superficies cerradas y lisas. Amazon modela la polis en la nube según la amplificación y aceleración del flujo molecular… En todos los casos se trata de los objetos (y no de las personas) como el objeto del conocimiento político. Cada uno de ellos no sólo constituye un modelo de negocio diferente, sino un modelo político diferente, y todos ocupan la capa de la nube simultáneamente. Cada una de estas plataformas en la nube se optimiza a sí misma frente a las otras, pero cada una hace uso de este aparato mayor para acceder a la capa de la ciudad, la capa de la dirección, la capa del usuario, etc, que en sí mismas no son de su dominio. No son las cosas sobre las que tienen el control. Pero la razón por la que pueden trabajar en su propia capa es porque las otras capas ya están provistas para ellos.
K.K.: Has escrito mucho sobre la capa de nubes y los distintos actores que ocupan esa capa. El 28 de febrero de 2015 en Sonic Acts hablaste principalmente de la «capa-Tierra». ¿Podrías volver a exponer brevemente las capas de la Pila?
B.B.: Capa-tierra, capa-nube, capa-ciudad, capa-dirección, capa-interfaz, capa-usuario… Podrías tener siete, o podrías tener también nueve, esto es sólo un esquema. La Pila es una máquina hambrienta; su apetito de carbono, energía o minerales es enorme. Entendida como una única máquina distribuida globalmente, es la máquina más hambrienta que jamás hayamos creado. Todo el conjunto opera encaramado sobre la capa-tierra, alimentado por su relación con la tierra. La tierra no sólo es la fuente en términos de lo que compone a la Pila a nivel químico, sino que también es un objeto para sus modos fundamentales de conocimiento. La propia tierra es algo medido, modelado, racionalizado, estudiado, visualizado y gobernado. Esta es una de las primeras tareas de la Pila, y que da lugar a toda una serie de situaciones paradójicas e irónicas. Por un lado, en su conjunto, esta enorme transformación tecnológica del planeta en los últimos ciento cincuenta años nos ha colocado en el precipicio antropocénico de una sexta gran extinción. Y, al mismo tiempo, es a través de este aparato de sistemas de satélites, sensores en red y mediciones oceánicas como podemos saber que esto está ocurriendo. La capacidad de medir y modelizar, e incluso de formarnos una idea de la realidad de la transformación climática, se debe a que disponemos de los instrumentos a través de los cuales esta se está articulando. Es una serpiente que se come la cola. Es una de las paradojas de la capa terrestre.
Otra cuestión que me interesa es dilucidar de qué maneras esto da lugar a jurisdicciones y soberanías en disputa. Históricamente, se puede argumentar que las nuevas jurisdicciones surgen en respuesta a situaciones de emergencia o, al menos, a situaciones excepcionales no normales. Si nos fijamos en algo como una asociación de Estados insulares, todos los países miembros están cerca del ecuador. No todos son islas, pero su dilema común en relación con el cambio climático es el aumento del nivel del mar. El hecho de que tengan esta relación común con la emergencia climática los convierte en un actor político común en este sentido. Del mismo modo, existen coaliciones entre los países productores de petróleo que son esencialmente jurisdicciones sobre los agentes causales. Alrededor de estas transformaciones geológicas que ocurren en la capa terrestre se producen reajustes de intereses, que serán reorientaciones de los diferentes tipos de federaciones.
K.K.: La cuestión es una vez más hasta qué punto debemos interpretar la Pila como una metáfora, como un diagrama o un modelo, o como una máquina real. Pareces estar describiendo algo parecido a una ecología informacional, no sólo como metáfora, sino en el sentido de cómo funciona la ecología en biología, con una interdependencia de diversos sistemas que ocupan todos ellos un nicho diferente, procesando entradas y salidas, manteniendo su propia estabilidad en relación con las estabilidades de otros sistemas. Creo que nunca se había descrito una ecología como una pila, pero la noción de cadena alimentaria sugiere cierto parecido.
B.B.: Creo que las ecologías suelen ser mucho más complicadas que los sistemas de pilas. En parte, la forma en que funcionan los sistemas de pilas es en un formato altamente reductivo, diagramático, y es lo reductivo de esto lo que le permite ser muy flexible en términos de lo que diseñaríamos. La homeostasis dentro de un flujo, tal como la vemos en los sistemas ecológicos, es un modelo diferente y un diagrama diferente.
K.K.: Entonces, ¿la Pila no es una idea cibernética?
B.B.: Principalmente no. Pero hay formas de leer algunas de las cuestiones que surgen de la idea de la Pila con vocabularios cibernéticos que pueden ser útiles. En más de un sentido, las tecnologías que empezaron como tecnologías de observación, medición o vigilancia se han convertido en tecnologías de diseño, transformación o gobierno. Algunas cosas que eran sensores se han convertido en efectores [effectors], en el vocabulario cibernético. Lo vemos continuamente: la transposición de algo que era un sensor en un efector, o de un mapa en un instrumento. Esta es una de las lógicas clave de la capa de interfaz. (…)
Sin embargo, me gustaría advertir contra la lectura de la Pila como algo parecido a una teoría de sistemas. La mejor manera de entender la Pila es como una especie de plataforma. No todas las plataformas son pilas, pero todas las pilas son plataformas. Y debemos entender las plataformas no sólo como un modelo técnico, sino también como un modelo institucional. Se ha escrito sobre las plataformas en la literatura dedicada a la organización y la informática, pero no hay una definición funcional y precisa de lo que es una plataforma. Hay definiciones provisionales, pero nada que explique realmente por qué Google es una plataforma y una red urbana de calles también lo es, y el plano tetraédrico del cuerpo también lo es. ¿Qué es lo que tienen en común todas esas cosas? En el libro intenté dilucidar algunas propiedades genéricas de las plataformas. Una de ellas es el conjunto de mecanismos que permiten su uso no dirigido para producir efectos emergentes, es decir, efectos que no estaban previstos o planeados de antemano. Una plataforma es un conjunto de potencialidades estratégicas. La forma en que se configure de antemano contendrá el espacio de fases de posibilidades de una determinada manera. Cuando Google organiza la lógica de internet en torno a la racionalización de la información, Google no está creando el contenido de internet, sino el mecanismo por el cual todos los demás harán el contenido de internet. Y al hacer esto, creo que se originan dos tipos de plataforma. Por un lado existe la plataforma basada en el valor del usuario, en la que toda la información que ponemos en la plataforma es útil porque puede circular. De este modo aumentan los costes de oportunidad de utilizar cualquier otra plataforma y disminuyen los costes de seguir utilizando la misma plataforma. Y por otro lado se produce una plusvalía de la plataforma, en el sentido de que la plataforma extrae más valor de la información que se pone en ella. Hay mucho más que decir sobre las plataformas, pero uno de los efectos secundarios de utilizar este modelo, espero, es tener una teoría más específica y empírica de las plataformas como tales. Hay mucha confusión sobre cómo podríamos gobernar la computación a escala planetaria, una confusión que se produce innecesariamente, en mi opinión, al entenderla según una matriz binaria de Estados versus mercados, o público versus privado. Por ejemplo cuando nos preguntamos cómo es que el Estado debe gobernar a los actores privados. Creo que si entendemos que los Estados y los mercados funcionan ambos como plataformas, en cierto modo, se puede avanzar hacia las verdaderas cuestiones (no por ello más fáciles) que tienen que ver con el estatus político del usuario en relación a la plataforma. Los Estados tienen ciudadanos, los mercados tienen consumidores y las plataformas tienen usuarios. Y cuál es la responsabilidad ética entre los usuarios y las plataformas es algo para lo que no tenemos un buen lenguaje.
K.K.: ¿Los Estados y los mercados funcionan como plataformas?
B.B.: No necesariamente. Los mercados pueden operar en diferentes tipos de cosas que no son plataformas, y los Estados también. Lo que intento señalar es que lo hacen de ciertas maneras, y este es el punto clave. Entonces, la interfaz es en gran medida el lugar donde se configura la política de una plataforma. Las estructuras de la interfaz dan forma a la potencialidad de la plataforma, dirigiéndola hacia la propia plataforma o hacia el usuario.
Tomemos la GUI [interfaz gráfica de usuario] como ejemplo. Para que cualquier interfaz sea útil, para que sea operativa, tiene que reducirse a un conjunto de cosas que permitan funcionar a la escala de un signo, en lugar de conceptualizar el todo. Se trata inevitablemente de una especie de reducción ideológica de cuáles son esas posibilidades. La medida en que nos «culturizamos» en el espacio concreto de esa reducción es lo que yo llamo un régimen interfaz. Puede haber múltiples regímenes interfaces con los que entramos en contacto a lo largo del día, cada uno de los cuales nos describe el resto del conjunto de una manera particular. Tienen una lógica narrativa, tienen una propuesta de valor, pero también son herramientas mediante las cuales se instancian esas lógicas. Son sistemas de valores y, cuando los utilizas, se refuerzan materialmente. Pero la interfaz también es la forma en que el resto de la Pila ve al usuario…
«The Stack and the Post-human user: an Interview with Benjamin Bratton» es una entrevista realizada por Klaas Kuitenbrouwer para el Het Nieuwe Instituut de Rotterdam, publicada en Garden of Machines el 23/08/2015: <https://nieuweinstituut.nl/en/projects/tuin-van-machines/stack-and-posthuman-user-een-interview-met-benjamin-bratton>
