LA «PILA» Y EL USUARIO POST-HUMANO: ENTREVISTA A BENJAMIN BRATTON (PARTE 2)

POR KLAAS KUITENBROUWER

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KLAAS KUITENBROUWER: En tu modelo de la Pila, el usuario puede ser un humano, pero no siempre tiene que serlo. ¿Qué es, entonces, el usuario de la Pila?

 

BENJAMIN BRATTON: Cuando hablamos de diseño centrado en el usuario, solemos centrarnos en los usuarios humanos. Ahora bien, cualquier cosa que pueda iniciar lo que yo llamo una «columna», es decir, que pueda activar todas las capas de la Pila, puede ser un usuario. Vale la pena pensar en las capas de la Pila como funcionando secuencialmente, cada vez que se envía un mensaje de un usuario a otro. El usuario envía un mensaje a la capa interfaz, pasando por la capa dirección, hasta la capa tierra, y finalmente llegará al otro usuario a través de todas las capas de la Pila. Es importante tener en cuenta que, en el simple movimiento de un mensaje de un usuario a otro, se invoca todo el aparato a la vez. Pero lo único que inicia estas columnas es un usuario. Puede ser una persona, pero también un algoritmo de negocios de alta velocidad, puede ser un animal, un vegetal, un mineral, un coche sin conductor, o lo que tú quieras. De hecho, la mayor parte del tráfico en internet ya no es humano. Esta co-participación dentro del espacio de la Pila, con otros cohabitantes maquínicos, orgánicos o algorítmicos será uno de los retos filosóficos más difíciles que tendremos que abordar. No se trata de un cosmopolitismo radical, ni de un sufragio universal en el sentido latouriano de un «Parlamento de las Cosas», porque no es un parlamento en absoluto, es una máquina. No es un reconocimiento filosófico, es una co-participación mecánica. No se trata de la transferencia de una voluntad soberana a través de mecanismos de representación, como si algún tipo de fin mayoritario y transparente fuese lo que dirige todo el conjunto (así no es como funciona). Entonces, abordar el estatus altamente contingente de los usuarios humanos frente a otros usuarios que no son humanos será un gran problema en los próximos años. De hecho, preveo toda una serie de diferentes variedades de fundamentalismo humanista en el transcurso de la próxima década, que se opondrán a esto.


K.K.: Esta sería una de las razones por las que es urgente entender las plataformas como un tercer tipo de principio organizativo, además de los mercados y el Estado. Porque, de lo contrario, sólo podemos ver a los usuarios como consumidores o ciudadanos, y también podrían ser cosas muy diferentes.

 

B.B.: Exactamente. Los discursos que tenemos en la actualidad sobre el estatus de los usuarios (desde Wikileaks y similares) parece que intentan contraarmar a un individuo atómico y anómico frente al aparato estatal. Pero creo que el potencial del usuario como posición de sujeto no consiste en la retirada individual a una especie de rearme de la Segunda Enmienda a través de la encriptación y la privacidad, sino más bien a través de la multiplicación y pluralización de las posiciones del usuario. Sabes, uno de los grandes problemas que tiene el diseño de interfaces es que presupone que una interfaz es utilizada por un solo usuario a la vez. Individualiza e interpola a las personas como usuarios individuales, cuando en realidad lo que ocurre es que estamos colaborando a través de estos mecanismos de diferentes maneras, y si pudiéramos entender cómo podríamos diseñar estas interfaces para estas posiciones de usuario colaborativas y distribuidas, tendríamos algo que hacer. El ejemplo que utilizo son los usuarios proxy. Cuando se tiene un sistema de usuarios proxy, el usuario está en un lugar, pero en lo que respecta a la interfaz, esto no es así. El usuario no es la persona. También puedes tener dos usuarios que en realidad son una sola persona. Casi no importa si sabes o no con qué tipo de usuario compuesto puedes estar participando, al igual que no es necesario que las bacterias de tu cuerpo sepan cuál es tu número de carnet de conducir. 

Otro punto interesante es la cuestión de cómo definiremos los parámetros y los distintos tipos de posiciones de usuario con los que interactuamos cada día. Dicho de otro modo: cuando podamos separar conceptualmente la idea de la agencia y los derechos políticos del usuario de la idea del organismo humano individual, y dejemos de entenderlas como isomorfas, podremos tener una conversación mucho mejor. No porque esto sea «bueno», sino porque, como mínimo, nos ayudaría a saber dónde estamos ahora mismo.


K.K.: Eso articularía mucho mejor las posiciones humanas «versus» seres maquínicos y orgánicos, o la colaboración entre ellas.

 

B.B.: Todas ellas son, en última instancia, posiciones cíborg en el sentido de Haraway.


K.K.: Para mucha gente, la agencia humana sigue siendo la única fuente real de agencia existente, aunque muchos empiezan a acostumbrarse a la idea de agencia maquínica: tenemos la inteligencia artificial, los robots…

 

B.B.: Sí, pero esas agencias siguen pensándose como virtuales frente a una única supuesta agencia real (la de los humanos).


K.K.: La capa del usuario, en la Pila, está abierta a muchos tipos diferentes de agencia. ¿Podrías explicar algo más sobre las agencias no-humanas y no-mecánicas que participan en ella? ¿Es concebible que, por ejemplo, los icebergs, los tornados, los animales o las plantas desarrollen un tipo de agencia de usuario más allá de ser simplemente «legibles»?

 

B.B.: Sí, creo que es posible imaginarlo de varias maneras. Del mismo modo que no hay una diferencia clara entre un usuario humano y un usuario mecánico, o entre un usuario mecánico físico y un usuario mecánico algorítmico, tampoco hay necesariamente una separación clara entre el phylum vegetal y otros tipos de usuarios. Este tipo de compuestos ciborgianos pueden funcionar con plantas y abejas, ríos e icebergs tan bien como con nosotros. Esto se puede considerar de dos maneras. Una es que las formas de comunicación que tienen lugar en un entorno localizado complejo ya son mucho más densas y ricas que las que tenemos capacidad de modelar ahora mismo. Todo habla con todo constantemente.


Así que no se trata sólo de introducir flujos de información. Pero se pueden prostetizar algunos de estos flujos de información, de modo que algo que opera en una posición podría sentir o activar o participar con la información de alguna manera que es diferente de su capacidad normal. Esto puede alterar las capas anidadas de homeostasis que están sucediendo en una situación. Así que sí, la prostetización o la ciborgización de plantas, flores y abejas es donde podríamos empezar a ver algo así. Geoingeniería a nivel biotecnológico. Para otra forma de pensar en el espacio de diseño relacionado con esto, vale la pena ir a la capa de dirección. Cualquier cosa que tenga la capacidad de participar en este sistema tiene que ser identificable, tiene que tener un lugar en el mapa y una posición desde la que hablar. Ahora, con internet esto funciona en gran medida a través del sistema de direcciones IPv4. Es un sistema que ha funcionado bastante bien, pero ha tenido que buscarse alguna que otra solución porque su espacio de direcciones teórico total es de unos 4.000 millones de direcciones, menos de una por ser humano en el mundo. Por eso, en un entorno informático real, robusto y ubicuo, no es escalable. IPv6 es la nueva versión, que tiene un espacio de direcciones de 128 bits, así que si haces los cálculos y divides eso por 7.000 millones de personas, se reduce a aproximadamente 10²³ direcciones por persona. Ese es el número de Avogadro en direcciones por persona.


Así que, si quisieras recorrer toda tu vida y asignar una dirección IP a cada una de las cosas con las que has estado en contacto, nunca se agotaría. Estás casi al nivel de moléculas en las cosas con las que entras en contacto. Pero si subdivides ese número por un número mayor de usuarios, no 7.000 millones de humanos, sino todas las flores, abejas e insectos —que hasta cierto punto también tienen una asignación de dirección—, entonces tendrías una idea de la condición del sitio por el cual tal escenario (con usuarios no humanos) podría ser diseñado.


En la actualidad, el escenario del «internet de las cosas» sigue ocupándose en gran medida de hacer que tu cepillo de dientes se comunique con el frigorífico. Porque estas son cosas que entran dentro de nuestro sentido natural de lo que sería la escala de un objeto. Pero cuando se dispone de una direccionabilidad más profunda, es posible imaginar cosas a escalas físicas muy diferentes capaces de intercambiar información real entre sí, de maneras que no han sido posibles hasta ahora. No se trata sólo de una relación conceptual entre esos objetos, sino también de un intercambio real de información.


Algo en la escala de 10 / -9 metros puede intercambiar información con algo en la escala de 10 / +9 metros. ¿Qué se dicen? No lo sabemos. Es esta idea de una cadena de intercambio de información entre cosas, a escalas que antes estaban muy mediadas, como mínimo, o eran totalmente incomunicables entre sí, lo que permite este tipo de «comunicación alien» que resulta tan estimulante.


Hay formas de entender todos estos procesos naturales como algo algorítmico, y de este modo podríamos pensar en la Pila como un ordenador planetario secundario, encima del primero. Tal vez esto tiene que ver con ese entrelazamiento de la computación sintética y la computación natural que ya funciona en la realidad.


K.K.: La Pila como forma de comunicación entre escalas no se da en la ecología orgánica. Si esto ocurre, será a través de la capa interfaz. Por el momento, las interfaces son artefactos principalmente humanos, en parte maquínicos, destinados a humanos y máquinas. En este escenario, ¿cuáles serían las interfaces por las que accederían los usuarios orgánicos no humanos?

 

B.B.: Si la interfaz es, ante todo, un mapa del espacio de posibilidades, instrumentalizado de tal manera que, cuando se manipula, puede hacer esencialmente lo que sea que esté representando, ¿qué significa esto para una abeja, un árbol, un bosque o un oso hormiguero? Cada una de estas criaturas ya percibe el mundo que la rodea de una forma u otra, aunque sólo sea la garrapata de una rama la que percibe el calor; hay alguna forma en que el mundo, o parte del mundo, se hace perceptible para ellas.


Y esta sería la pregunta crucial, la pregunta que se desprende de la implicación de la Pila. ¿Cuál sería la lengua vernácula, en las interfaces que podríamos emplear en nombre de los usuarios no humanos, para introducirlos en este sistema? Y ¿cuáles serían las condiciones por las que serían capaces de crear, proponer y optimizar otro régimen de interfaces para unos y otros, en el que los humanos no necesiten necesariamente participar?


Lo siguiente sería desarrollar una arqueología de lo que serían sus posibles precedentes, si somos capaces de reconocerlos, porque puede que ni siquiera seamos capaces de hacerlo.


Existe un parecido en la forma en que se discute aquí el usuario no humano y la forma en que se discute en la Ontología Orientada a Objetos y el Realismo Especulativo, con el telón de fondo del Antropoceno y el posthumanismo. Pero me gustaría hacer una importante diferenciación: lo que la OOO y el realismo especulativo pueden aportar para describir esta situación es tan cierto ahora como lo era hace un siglo, o en el año 2015 antes de Cristo… la suya es una posición ontológica.


Sin embargo, yo no pretendo hacer un argumento ontológico. Estoy hablando sobre un mecanismo tecnológico y la infraestructura que produciría una condición para las relaciones instrumentales en las que estas cosas co-participan de una manera muy específica, algo que sería imposible hace veinte años, ya no digamos hace dos mil años.


Así que no confundamos el funcionamiento de un aparato concreto con un argumento ontológico, que puede ser tan idiosincrásico o universal como uno quiera.

K.K.: En Sonic Acts y otras ocasiones, has estado usando el término «post-antropoceno». ¿Esto tiene alguna relación con la capa usuario de la Pila?

 

B.B.: Puede ser. O mejor dicho, con las condiciones en las que podría surgir un post-antropoceno.

 

K.K.: ¿Se trata de un período en el que los humanos se han extinguido?

 

B.B.: No necesariamente. Alguien dijo ayer en la conferencia: «No hay escapatoria del Antropoceno». Mi respuesta es: Bueno, las eras geológicas van y vienen. ¿Recuerdas tu mapa de 4º curso del Devónico y el Cretácico? Por supuesto que hay una salida. Sólo hay que esperar lo suficiente. Si pensamos en el dilema del Antropoceno, en la medida en que sea posible hacerlo, quizá podríamos detenernos un momento y pensar en qué términos, a ese nivel del ser humano como actor geológico, es posible una alternativa. En cualquier caso, el Antropoceno ha demostrado que la geoingeniería es posible.

 

En poco tiempo hemos hecho geoingeniería en todo el planeta, muy rápidamente. Que sea posible hacerlo, no significa que sea posible hacerlo deliberadamente, pero de todos modos, queramos o no, o lo asumamos ahora como una trayectoria deliberada, seremos geoingenieros al menos en un futuro previsible. Lo que hagamos o dejemos de hacer en este momento tendrá efectos a nivel de geoingeniería. Así que tiene sentido empezar a pensar en las condiciones del lugar por las que nuestras intervenciones de diseño funcionan dentro de esta cuestión. Lo único que podemos afirmar sobre el post-antropoceno es que se define por la condición de que los humanos ya no son el actor geológico dominante. Quizá nos extingamos, o quizá nos convirtamos en otra cosa que no sea reconociblemente humana. Nuestro ADN puede persistir, pero el humano como diagrama de especie no. No lo sabemos. Pero en este sentido el término significa «esto es hacia donde vamos». El post-antropoceno debe concebirse como una meta. Una especie de vago lugar sobre la montaña.

 

K.K.: Entonces, no te refieres al post-antropoceno como algo utópico o distópico; es decir, que no se trata de un encuadre específico cargado de valores.

 

B.B.: En realidad es una noción antiapocalíptica. Si te fijas, el término «Antropoceno» a menudo es invocado en narrativas de corte milenarista o escatológico. Para algunas personas eso es lo que les gusta del Antropoceno: las historias apocalípticas del fin del mundo forman parte de la textura de su comunidad moral. Me parecen disposiciones esencialmente reaccionarias, profundamente conservadoras. Una forma de contrarrestar la narrativa del apocalipsis es simplemente nombrar el tiempo que viene después, como algo que va a suceder estés o no estés allí. Con este término estoy borrando su apocalipsis.

 

K.K.: Entonces, el post-antropoceno es una especie de posición retórica.

 

B.B.: Actualmente estoy trabajando en un libro sobre IA, robótica, biología sintética y ese tipo de cosas, en el cual el post-antropoceno como concepto desempeña un papel más importante que eso. Porque todas estas cosas ponen en cuestión el estatus del ser humano como actor geológico, biotecnológico y biopolítico, de un modo en el que The Stack no lo hacía del todo. En realidad, The Stack no argumenta a nivel de milenios. No trata de la relación del ser humano con la filosofía; es una obra de filosofía política.

 

K.K.: Mencioné el post-antropoceno, también, porque ciertamente entre los californianos hay una creencia extendida en «la Singularidad», casi como si se tratara de otro tipo de historia escatológica.

 

B.B.: Me parece igualmente conservadora, e igualmente reaccionaria.

 

K.K.: Pero no es la única narrativa de la que hablas. ¿Podrías desarrollarlo?

 

B.B.: Me gusta distinguir entre transhumanismo y posthumanismo. Esto tiene que ver con la forma en que cada uno emplea la figura del ser humano. En esencia, el proyecto del transhumanismo va sobre la reificación y la amplificación de los humanos individuales, como organismos auto-encapsulados y auto-masterizados, que pueden innovar y expandirse como individuos. Una versión X-Men de Atlas Shrugged. Mientras que el posthumanismo, tal como yo lo veo, es el espacio de potencial que aparece cuando los traumas copernicanos contemporáneos del dilema antropocéntrico con las tecnologías contemporáneas (como la nanotecnología y la biotecnología) son entendidos como desafíos a esa concepción de lo humano que los transhumanistas están fetichizando, convirtiéndose en condiciones previas para una epistemología diferente que situaría la especificidad de la sensibilidad humana en otro contexto. En realidad, los veo como proyectos que trabajan en direcciones totalmente opuestas.

 

K.K.: En resumen: el transhumanismo es excesivamente antropocéntrico, y el posthumanismo no.

 

B.B.: Sí, el posthumanismo desconfiaría profundamente de los puntos de partida antropocéntricos, mientras que para el transhumanismo son su razón de ser. Aunque es absolutamente cierto que el pensamiento humano y el propio estado neurocognitivo son en última instancia reducibles a la física, eso no significa que sea sencillo ponerlo en un sustrato de silicio, como les encanta pensar a los transhumanistas. Creo que podemos dar por sentado que cualquier sentido coherente del yo y de la identidad, tal como los encontramos en el cuerpo biológico, sería lo último que sobreviviría a un trasplante de conciencia. Podría ser un proyecto muy bueno para intentarlo, pero porque aniquilaría nuestra lógica previa de la identidad, no porque vaya a amplificarla.

 

K.K.: ¿Cómo se relaciona lo posthumano con el usuario en el modelo de la Pila?

 

B.B.: La posición del usuario obliga a desplegar una especie de marco epistemológico posthumano, porque tenemos que dar sentido a nuestra relación con todos esos actores no humanos con los que nos ha metido este mecanismo que hemos producido, y que llamamos la Pila. Ahora somos primos y vecinos de ellos, de un modo en que antes no lo éramos. El usuario es una relación tecnológica que requiere el marco epistemológico de lo posthumano. Los usuarios no humanos no coinciden necesariamente con la figura del posthumano, pero ambos son de naturaleza ciborgiana. Todos ellos están entrelazados; ya no se trata de criaturas animales versus criaturas vegetales versus criaturas maquínicas. 

  

«The Stack and the Post-human user: an Interview with Benjamin Bratton» es una entrevista realizada por Klaas Kuitenbrouwer para el Het Nieuwe Instituut de Rotterdam, publicada en Garden of Machines el 23/08/2015: <https://nieuweinstituut.nl/en/projects/tuin-van-machines/stack-and-posthuman-user-een-interview-met-benjamin-bratton>
 
 

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