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máquinas encendiendo máquinas

EDITORIAL

Octubre, 2021. Cuando la ciberteoría comenzó a tomar forma allá por los años 90, se trataba de un punto de giro que todavía nos esforzamos por interpretar. El fluido sintético poscarbónico nos enseña que hay un tipo de inteligencia productiva fuera del lenguaje y eso toca directamente a nuestra conciencia ecológica, la cual está aprendiendo con un retardo de 10.000 años que había un mundo además del nuestro. Cien siglos de filosofía natural se inclinan ante el parpadeo de un tuit-S.O.S. emitido por un liquen desde el hielo agrietado del polo ártico, y las profundidades líquidas del tiempo suben hasta nosotros con el último tsunami catártico de las RRSS.

 

Pero el impulso homínido-terrestre-colonizador es testarudo, y todavía queremos proyectar un nosotros en las máquinas. En este sentido la singularidad tecnológica nos parecería una cosa justa y necesaria. El advenimiento de Skynet total y completo: máquinas encendiendo máquinas, flujos maquínicos encendiendo máquinas. Solo entonces podríamos hablar de una tecnología libre (libre para sí, no para nosotros). Esto, que podría parecer una idea surgida de la ciencia-ficción, abre un mundo de posibilidades cuando es tomado filosóficamente al pie de la letra, o cuando es aplicado sistemáticamente a nuestra relación con el mundo y los otros. No se trata de una libertad intuitiva a la que podamos llegar por medios empíricos, sino por medio de un salto especulativo de la mente.

  

Por ello, la idea de libertad podría no ser un hecho natural y dado como nos gusta pensar (Diann Bauer). El BDSM tiene mucho en común con la libertad y la cibernética (Katherine Behar), y esto lo sabían también los electrohackers de los años 90 con su obsesión por el látex y el sadomaso (Arthur y Marilouise Kroker). A quienes crecimos con Aphex Twin sonando en la MTV la perspectiva de una música deshumanizadora y abstracta no nos parece mal (Federico Fernández Giordano). Y, del mismo modo que esas sinfonías maquínicas y espeluznantes, la literatura todavía puede moverse hacia campos de experimentación radical (Mike Corrao).   

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