TELEGRAMAS DEL LADO OSCURO. HIPERREALIDAD Y FICCIÓN

EDITORIAL

comparte en:

Love is the thermodynamical property of bodies that attracts them to their death.

Gruppo di Nun

 

Noviembre, 2022. Nos estuvimos comunicando con la K-Bestia. La fuimos a visitar a su morada en el espacio intensivo (a.k.a. planómeno, plano de consistencia, huevo-dogón). Ella, como siempre, es una inagotable alumbradora de monstruos y de ficciones que en alguna parte hemos llamado «hiper-ficción» —pues todo lo que ocurre en el planómeno es un poco más que irreal y un poco menos que real.


Se trata de una cuestión de grados, maldita sea. Entre lo que tú llamas real e irreal hay siempre más capas de estratos. Necesitas con urgencia un estratoanálisis. Tal vez una o dos pastillas, para poder sobrellevarlo.


Con las ficciones ocurre exactamente lo mismo que con los afectos: son una hiperrealidad. No se trata de una verdad en sentido científico (porque no lo puedes cuantificar, especificar o mensurar), pero tampoco se trata de una falsedad. Es más y menos que todo eso, porque las hiperrealidades no tienen nada de dual


En su Manifesto di Demonologia Rivoluzionaria, Gruppo di Nun argumentaba que el Camino de la Mano Derecha y el Camino de la Mano Izquierda de la cábala, así como las dualidades históricas (y antropomórficas) en general, han visto cómo su verdadero potencial revolucionario quedaba supeditado a la tiranía del sistema binario (+1 / -0), algo que resuena con el análisis de los «ceros y unos» de Sadie Plant, donde el cero no era el negativo del uno, sino su condición de posibilidad (+0). 

 

Desde aquel personaje imaginario en el que te querías convertir, pasando por la sinapsis química de tus pensamientos, hasta el maquillaje del actor Butoh y del cantante Black Metal, las hiperrealidades = +0 nos redireccionan constantemente a nuestro dominio intensivo-matriz. También pueden estratificarse y crear sólidos tumefactos. Y no tienen nada de milagroso (aparte del esfuerzo cognitivo y contraintuitivo que debe hacerse para entender esto). Todas las dualidades que Aristóteles y Parménides lanzaron a rodar como un esputo cuesta abajo, o el código binario de «ceros y unos» en nuestras computadoras, han heredado esa aparente dualidad que vendría a ser lo opuesto del potencial abstracto-y-estratificador de lo hiperreal. 

 

En la ficción y en el amor ya no nos movemos en el tablero jurídico de lo falso y lo verdadero, sino en el espacio intensivo donde es producida la dicotomía misma. Este es el verdadero «lado oscuro», el vientre de la zorra mutante, donde tienen lugar los «haces de luz» hyléticos de la poética rimbaudiana. Por eso, las ficciones y el amor son la mejor manera para evadir la tiranía de lo real y lo irreal.

 

Cerramos el año en Xenomórfica Magazine con la mirada puesta en la próxima transformación, y os dejamos con la teoría-ficción de una guerra de espionaje y ocultismo sónico (Amy Ireland); los puentes que no unen sino que son instrumentos de dominación y control (Anna Engelhardt); la experiencia de primera mano de una pionera del ciberfeminismo en el mundo del NFT-Art (Cornelia Sollfrank); la pesadilla autocumplida de los usuarios/Amos del metaverso (Grafton Tanner), y un adelanto editorial de esos que marcan un antes y un después, por supuesto, con un pie en la más hiperreal de la ficción: la ficción weird (Ramiro Sanchiz).